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159 muertos en Italia: el terremoto que se ensañó con los niños

159 muertos en Italia: el terremoto que se ensañó con los niños

Por desgracia, no hay muchas historias con final feliz en toda la zona de Pescara. Hasta el momento la víctima más joven en este movimiento telúrico tenía ocho meses. En su mismo edificio consiguieron sacar a otras dos niñas vivas. Varios voluntarios escucharon gritos de niños en las viviendas del centro de Amatrice: «Le he oído pidiendo ayuda y están tratando de sacarlos», dijo un espeleólogo que participaba en el rescate en esta localidad, una de las más afectadas, antes de liberar a las dos pequeñas.

terrrEn las localidades derrumbadas se pasaba de la alegría a la tristeza a gran velocidad. En Accumoli los rescatadores creyeron que había muerto una familia completa (padre, madre y dos hijos) hasta que sacaron a uno de ellos, otro bebé de ocho meses, entre los cascotes aún con vida. Murió minutos después en la ambulancia.

Martina ya sabía bien lo que era un terremoto. En 2009 sobrevivió al de su Aquila natal. Ayer otro temblor la sorprendió de vacaciones en Ascoli, mientras dormía, y tampoco la mató, aunque sí se llevó a su hija, la pequeña Marisol, de 18 meses. Martina y su marido Massimiliano se recuperan ahora de sus heridas en el hospital Torres de Ancona. En otra sala está el cuerpo de la pequeña Marisol. Al lado, su abuelo Max, deshecho por la tragedia. cuanta gente había en cada una de las viviendas. Gracias a sus indicaciones, en Amatrice sacaron a dos gemelos romanos de seis años, uno vivo, que murió poco después, y otro ya fallecido entre los escombros.

terrem aOtro hombre se tiró por la ventana con su hija en el regazo cuando comenzó a temblar todo a su alrededor y consiguió salvarse y salvarla. Giuseppina Campesi, una mujer del pueblo, señaló una montaña de cascotes que antes era una casa donde vivían tres generaciones: abuelos, padres y dos hijas de 12 y 14 años.

Los bomberos y los militares desplegados, más de 800 en total contando con los seis que ha enviado el Papa Francisco desde El Vaticano, consiguieron liberar con vida sólo a las dos hijas.

Anoche se recibían llamadas de teléfonos de gente atrapada a los que intentan localizar. Otras veces la llamada iba en dirección contraria y los móviles sonaban entre la montaña de escombros sin que nadie contestara. Y eso, con el pánico que produce trabajar sobre un suelo que ha temblado con 160 réplicas, algunas de ellas muy potentes, que llegaron después de los 142 segundos de terremoto.

Un tercio de Amatrice ha quedado destruida, además de las decenas de muertos que ha dejado, apilados en dos puntos: uno de ellos era el patio de una escuela, donde fue a parar la pequeña Simon, de seis años de edad, mientras que su hermana Andrea murió cuando la trasladaban en helicóptero a una clínica en Roma.

Las luces se apagaron y todo se curió de polvo tras el estruendo. Después llegó el silencio, sólo roto por algunos gritos y los ladridos de los perros. Cada casa quedó con su tragedia: Marco, un chef de 26 años, estaba en la vivienda de sus abuelos descansando unos días. Murieron todos.

Amatrice está situada en una colina y en una zona muy turística donde se inventó la salsa «amatriciana» (carne de cerdo, tomate y queso de oveja) para la pasta.

El terremoto repartió la muerte a capricho. El policía de tráfico Enzo Tulli, de 42 años, murió aplastado. Su mujer, tumbada junto a él en la cama, resultó ilesa. En casa del joven Claudio murió toda la familia salvo él y su perro, que resultó herido y trasladado junto a su dueño, en la ambulancia.

Cerca de allí, en Accumoli, los bomberos buscaban entre los restos del campanario a Andrea Tuccio y su mujer, Graziella Torroney, los dos hijos de ambos, Riccardo y Stefano, de ocho años y siete meses. Otras casas se vinieron abajo, pero la casualidad quiso que se formaran bolsas de aire donde personas como Marina Bonamici y su marido resistieron hasta que fueron rescatados.

En hospitales pequeños como los de Ascoli han tenido que usar códigos de colores para los heridos: amarillo, para los graves; rojo para los críticos. Mientras, los funcionarios actualizaban la lista de muertos y desaparecidos al minuto y siempre al alza.

(Gentileza El Mundo)

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