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Cabalgata en La Paz para honrar a víctimas de Cadetes de Chile

Cabalgata en La Paz para honrar a víctimas de Cadetes de Chile

Como todos los años, un grupo de paceños encabezados por don Tito Nieva inician una travesía por el monte hasta el paraje donde ocurrió el accidente ferroviario de 1927.

 

Un grupo de vecinos paceños, entre los que hay algunas mujeres y también niños, van a salir de cabalgata a través de los campos y el monte hasta el pueblo abandonado de Cadetes de Chile, con la idea de homenajear a las víctimas del grave accidente ferroviario que ocurrió en 1927, que le dio nombre al lugar.

 
No es la primera vez que los jinetes encaran esa travesía de algo más de 30 kilómetros por el capo paceño ya que en realidad, todos los años para esta época, don Carlos ‘Tito’ Nieva organiza la travesía y los que quieren se van sumando, solo hay que saber montar y tener ganas de cruzar los montes.

 
Tito Nieva es un conocido vecino tradicionalista, conductor de radio y además, encargado de recopilar la historia del accidente de Alpatacal, donde el choque de dos máquinas ferroviarias se cobró la vida de 30 personas, entre cadetes chilenos y ferroviarios argentinos.

 
“En la madrugada del 7 de julio de 1927, una delegación militar de Chile viajaba en tren hacia Buenos Aires para participar de los festejos patrios de la Argentina, pero a la altura de la estación de Alpatacal, el convoy chocó de frente con otro que estaba detenido y hubo un gran incendio que dejó 30 muertos: doce cadetes chilenos y el resto ferroviarios argentinos”, relata Nieva parte de una historia que conoce al detalle y que guarda en carpetas con fotos, cartas y recortes; el hombre es un gran conocedor de ese accidente ferroviario, el más grande de la historia de Mendoza, pese a que no tuvo familiares en esa tragedia.

 
“Tampoco he vivido en Cadetes pero siento que hay que homenajear a esas víctimas y también, buscar que el pueblo resurja del olvido en el que quedó tras la privatización de los trenes. El gobierno debería promover la vuelta de los pobladores a Cadetes, tal vez con programas de huertas”, dice Nieva mientras organiza los detalles de un nuevo viaje a caballo hasta el lugar, acompañado por una veintena de jinetes que no siempre son los mismos y que en algunos casos van para cumplir una promesa.

 
Tan grande fue el impacto que causó en la sociedad aquel accidente de 1927, que Alpatacal cambió de nombre por el de Cadetes de Chile a manera de homenaje y así se llama hasta el día de hoy, cuando ya hace más de 20 años que nadie vive en el pueblo y el monumento que recordaba la tragedia fue robado en agosto de 2006, por ladrones que quisieron venderlo como bronce.

 
Esta vez, el viaje a Cadetes de Chile arranca el viernes 8 en la mañana y el grupo hará una primera parada en la estación de Pirquita donde almorzará un asado, con la idea de encarar el resto del viaje en la siesta. La cabalgata no siempre recorre el mismo camino y muchas veces el recorrido tiene que ver con el permiso para atravesar campos privados; así, el grupo seguirá una ruta que a veces acompaña a las vías del tren pero que también se interna en el monte. “Hay un eucalipto que siempre es lo primero que vemos de Cadetes cuando vamos llegando; en ese momento siento una gran emoción”, cuenta Mariela Zapata, que se crió en ese pueblo y que cada vez que puede, hace la cabalgata para volver a verlo.

 
Hoy en Cadetes no vive nadie, pero allí están la parroquia, la escuela y algunas casas; también hay una cruz de madera que el ejército clavó en la tierra y además, el pedestal que sostenía a la Chilena, el monumento de 4,5 metros y 2.500 kilos que creo el artista Alberto Lagos y que en 2006 fue arrancado y cargado a un camión por ladrones que quisieron venderla como bronce.

 
En la tarde del viernes, los jinetes llegarán al campo de don Galeano y allí pasarán la noche en un puesto, con la idea de andar el último tramo a primera hora del sábado. “Vamos a dejar una ofrenda floral junto al pedestal y también unos papeles con los nombres de todos los que participamos”, cuenta don Nieva y sigue: “Vamos a cantar el himno y posiblemente alguien diga unas palabras como homenaje a las víctimas del accidente y en recuerdo del pueblo que se perdió cuando dejaron de pasar los trenes”. También allí habrá un asado y por la tarde alguna mateada antes de emprender la vuelta, con la misión cumplida.

 

 

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