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Cadim, la Cooperativa Alto Verde y la conmovedora lucha de Juan, el maestro pastelero

Cadim, la Cooperativa Alto Verde y la conmovedora lucha de Juan, el maestro pastelero

La vida suele brindar ejemplos de lucha, amor y solidaridad. Y dentro de ellos, se encuentran personas de carne y hueso, que llaman la atención por su tenacidad, donde les suele aflorar el plus de ser especiales.

Juan Robbio (23) tiene un tumor tronco-cerebral que le condicionó su vida. Ha tenido que soportar 8 operaciones y un tratamiento de quimioterapia. El amor de su familia y la comprensión que encontraron en Cadim, fue el disparador para su recuperación. Juan no hablaba ni caminaba, pero sí razonaba. Hay que verlo para ver como su tenacidad y deseos de superación lo han llevado a desarrollar un admirable talento que ha desarrollado en elaborar exquisitos productos de panificación.

Así, con la solidaridad de la gente de Plásticos San Martín, obtuvo un batidor y una fuente para comenzar en su trabajo. Pero le falta lo más importante, el horno donde procesar los alimentos que él prepara.

Y allí apareció la Cooperativa Alto Verde y Algarrobo Grande Limitada: José Pipo Álvarez y Diego de los Ríos, representantes de esa institución llegaron con la solución a cuestas y eso despertó emociones y no pocas lágrimas.

“Me faltaba el horno”, repetía Juan emocionado mientras descubría la herramienta que empezará a utilizar en la institución para concretar sus sueños de maestro pastelero,  mientras daba rienda a su gratitud y alegría.

“A veces se buscan cumplir sueños que, en algunos casos, son imposibles. Por eso nosotros donamos a Cadim este horno en el que Juan, podrá cristalizar sus habilidades como pastelero”, aseguró el titular de Alto Verde.

“Hace muchos años que vengo a esta institución y he compartido con jóvenes que hoy no los veo, por circunstancias de la vida no están o  se han ido yendo.  Algunos otros estarán en el cielo. Estas cosas tocan el corazón, por eso vine con mi hijo, para que vea lo que es esto y que sepa que en la vida hay cosas importantes como ésta”, completó José Pipo Álvarez con lágrimas en los ojos.

Pero nadie que visita Cadim, escapa de la generosidad de sus autoridades y de las artesanías que los propios chicos elaboran: Pipo Álvarez, Diego de los Ríos y hasta Tiempo del Este, recibieron obsequios que fueron una caricia para el alma.

 “Su espíritu de recuperación se puede reflejar en que llegó en una silla de ruedas y, de a poco, empezó a soltarse. Él decía que no era un chico discapacitado”, dice María Rosa Vuel, mamá de Juan y de otros 5 hijos, que viven en el barrio Los Tilos, de Palmira. Y agrega con la admiración materna: “Juan hace alfajores y separa parte de su venta en una alcancía y otra para reponer materiales”.

El Centro Amigo del Discapacitado Motor, ubicado en el barrio Círculo Médico de San Martín, el año que viene cumplirá 20 años de su fundación. Durante ese tiempo, decenas de jóvenes del Este provincial,  han pasado por sus instalaciones con patologías severas como puede ser la discapacidad motora o la parálisis cerebral.

Cadim es una organización civil sin fines de lucro, que ofrece talleres socio-culturales, y actividades en panadería, arte, música, teatro que es apoyado por un equipo interdisciplinario (odontóloga, fonoaudióloga, kinesióloga y profesores de educación física).

 

“Los papás confían en nosotros”

Fernando Alín es el Coordinador. Esto dice: “Nunca fui presidente ni miembro de la Comisión, sino que los papás confían en nosotros”. Junto a Patricia Suárez y su hijo Ivo, completan un trío familiar que –al igual que el resto del personal- tiene como objetivo de vida trabajar en la recuperación de los chicos especiales.

“Esto es una lucha constante y nosotros peleamos por sus derechos. Mi esposa es docente y yo también tuve mi experiencia inicial en la escuela Alberto Juaire, cuando ésta recién comenzaba allá por 1992″, señala

“Hoy tenemos una radio on line dentro de la institución que se llama “algo diferente” y que ha tenido distinciones por su particularidad», reseña.

Cadim

“Este edificio es propio y se construyó en plena crisis, en 2002.  Construimos un edificio de 540 m2 cubiertos en 9 meses.  Y recuerdo y agradezco la ayuda de Aldo Tieppo, que nos hizo la gestión en la provincia para recibir el donativo del terreno”, recordó.

“Mucha gente se cree que nosotros pertenecemos al Estado, pero nosotros aprovechamos la solidaridad de la gente y los proyectos pasan por fuera y dentro de la comunidad”, dice Alín, para quien la “inclusión debe ser real”.

En relación a su situación contractual con la institución, agradece la pregunta y sostiene: “Yo puedo mostrar lo que soy y mi familia también; no tengo casa ni auto, y cobro seis mil quinientos pesos mensuales a título de viático, pero no tengo obra social ni mutual”.

La felicidad para Fernando es “vivir estos momentos lindos y observar los progresos en los chicos que concurren a Cadim”, en los que ha generado un proyecto de vida que disfruta junto a su familia.

“El estado provincial no nos ayuda, la municipalidad de Junín si y la municipalidad de San Martín nos brinda poco apoyo, apenas un subsidio para cubrir parte de los honorarios de la odontóloga. Pero lo que más nos motiva y ayuda es la solidaridad de la gente”, concluye mientras que recuerda que en la actualidad son 12 los alumnos que concurren a Cadim.

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