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Dos Bicentenarios: Congreso por la Independencia y el origen de los departamentos del Este

Dos Bicentenarios: Congreso por la Independencia y el origen de los departamentos del Este

Por Gustavo Capone*

*Por Gustavo Capone, profesor de Historia. Actual director de Educación Superior de Mendoza.

DOS BICENTENARIOS:

CONGRESO POR LA INDEPENDENCIA Y EL ORIGEN DE LOS DEPARTAMENTOS DEL ESTE
La predisposición de María Francisca Bazán de Laguna al ofrecer su casa en la Calle del Rey 151 de San Miguel de Tucumán allanó un problema. El Congreso ya tenía lugar de reunión. Por unas monedas criollas (las primeras monedas “nacionales”; no acuñadas por España y sin símbolos de la realeza) doña Francisca alquiló su casona. Un puñado de “duros” y otras pocas “chirolas” bastaron para que la tradicional familia tucumana se sintiera “bien pagaa’ ”.
Fue entonces que la natal tierra tucumana de los indios calchaquíes, Monteagudo, Lamadrid, Avellaneda, Roca, Alberdi, Álvarez Condarco, Benjamín Matienzo, Lola Mora, Ricardo Rojas, y más recientemente en el tiempo, de Mercedes Sosa, Palito Ortega, Tomás Eloy Martínez, García Hamilton, Miguel Ángel Estrella y el arquitecto Pelli, se convertiría en el centro de atención del antiguo virreinato, ante la atenta mirada del mundo político americano y europeo.

EL DURO CONTEXTO EXTERNO

 

Cartagena, la ciudad amurallada de heroícas resistencias a invasores
Cartagena, la ciudad amurallada de heroícas resistencias a invasores

Así pues, restablecido en el trono español Fernando VII, derrotado Napoleón, formalizada la restauradora «Santa Alianza» de tronos europeos, afianzados los portugueses en Brasil, sofocados todos los proyectos independentistas americanos surgidos de las luchas libertarias, como el movimiento de Hidalgo y Morelos en México y el de José Artigas en la Banda Oriental, más el rotundo fracaso de las campañas libertadoras al Alto Perú, pintaban un oscuro panorama. Además, derrotadas la insurrecciones americanistas en Cartagena, Bogotá, Nueva Granada, Santiago y consolidada la elite aristocrática españolista en Lima, hacían de Buenos Aires en ese 1816, la única ciudad capital de América que resista al absolutismo, y de nuestra provincia de MENDOZA, embrión de la campaña libertadora sanmartiniana, la última esperanza para concretar la anhelada emancipación, de la mano de la gesta que diagramaba el genial oriundo de Yapeyú, mientras soñaba morir en el Este mendocino.

AQUELLA INTERNA Y El CLIMA EN TUCUMÁN

Es fácil percibir entonces, que para las «Provincias Unidas del Río de la Plata» el contexto externo era abiertamente desfavorable. Pero en el plano interno la situación no estaba mejor. Consideremos que lo qué se intentaba establecer era un modelo de Estado identificado, no con una persona (príncipe o rey), sino con instituciones sujetas a factores representativos para poder establecer una nación.

San Martín despertó celos en el establishment porteño
San Martín despertó celos en el establishment porteño

Aunque tan complejo como lo anterior, en el ámbito “doméstico” (muy propio de nosotros) empezaban a subyacer dos posturas que surcarán el derrotero de gran parte de la historia nacional. A las “mal intencionadas” dudas que generaba San Martín en el “establishment” porteño (con la cantidad de enemigos “que supo conseguir” por su intransigencia y convicción) se sumaba claramente en el Congreso, el divorcio entre dos grupos bien diferenciados:
1) El grupo porteño; sostenedores de una doctrina liberal, y cuyo principal objetivo político y económico era la hegemonía de Buenos Aires, y 2) El grupo criollo rural; representante de los intereses del litoral o del interior mediterráneo.
Los dos grupos coincidirán en cuanto al ideal emancipatorio, pero eran irreconciliables en el campo de las realizaciones institucionales. Además entre el litoral y Buenos Aires, el añejo pleito por la aduana y el régimen comercial de los ríos, generaban heridas que demoraban en cicatrizar.
Pero a su vez, el clima político reinante en el Congreso tucumano mostrará una rica gama de opiniones. Conviven concepciones monárquicas, republicanas, partidarios de un protectorado inglés, y hasta el sueño de un emperador inca como modo de «americanizar» el nuevo Estado y lograr el apoyo de la población nativa (posición de Manuel Belgrano).
ALGUNAS CONCLUSIONES:

El texto definitivo del acta del Congreso, decía: «nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli, y de toda dominación extranjera», generando el consenso para restablecer un Estado, recomponiendo la autoridad moral de un gobierno revolucionario que se debatía entre la dependencia y la anarquía.
La Independencia implicará también, la institucionalización del orden, lo que permitiría el reconocimiento externo de las Provincias Unidas, pese a que el debate por la Constitución quedaba pendiente. En 1817 el Congreso se trasladará a Buenos Aires, y las provincias se verían seriamente afectadas en su calidad soberana. Mientras tanto, y en paralelo, durante ese 1817, San Martín desde Mendoza seguirá siendo la alternativa emancipadora de América. Y así Mendoza, como presagió de su “Canto a la Vendimia”, será la provincia “que acunó la libertad”.

Los años trascurridos entre 1810 y 1816 fueron de búsqueda y controversias respecto de la oportunidad por declarar formalmente rotos los lazos con España. Vínculos que habían comenzado a romperse en 1810 cuando el proceso revolucionario empieza a construir un nuevo orden político y una nueva legitimidad después del deterioro de la corona y las organizaciones absolutistas, en pos de pensar nuevas formas de hacer y pensar la política. Entonces, la Declaración era una urgencia, pues el proceso emancipador iniciado en mayo de 1810 demandaba una forma republicana.

En ese sentido, el Congreso de Tucumán, junto a la “Declaración de la Independencia” permitió el reconocimiento externo de las Provincias Unidas, herramienta imprescindible para que el General San Martín pudiera movilizar su ejército fuera de las fronteras de nuestro país. Pero además aprobó el referencial “Manifiesto a los Pueblos” (1 de agosto de 1816) que entre algunos párrafos expresaba: “Que renazca la unión y se restablezca el orden, y veréis renacer el espíritu patriótico…..”. Pero también dicho Manifiesto incluye un Decreto que, simbólicamente, declaró concluida la revolución: “Fin a la revolución, principio al orden y respeto a la autoridad soberana y pueblos representados….”, fueron sus primeras palabras.

EN SÍNTESIS:

Declarar la Independencia implicaba organizar y ordenar el estado; reconocer y respetar la autoridad soberana de las provincias y pueblos representados en el Congreso; decidir sobre la próxima forma de gobierno; aprobar reglamentos, estatutos y constituciones; disponer los gastos para el Ejército de Los Andes; facultaba actuar con todo el rigor de la ley a quienes no se subordinaren a la autoridad y resoluciones surgidas.
El Congreso y su Declaración institucionalizaba “el orden” sobre “el desorden” provocado por los enfrentamientos armados, el empobrecimiento generalizado en las zonas rurales y en las ciudades, los saqueo y la destrucción de luchas fratricidas, la absoluta falta de un liderazgo convincente, las desafortunadas estrategias militares, y en especial por la aguda crisis social y política de la burguesía mercantil porteña, uno de los sectores que había liderado la revolución.
Y si bien en el Congreso de Tucumán no estaban representadas todas las provincias de la Nación, el grito de libertad se escuchó más allá de América.

Esa es otra circunstancia por considerar: el indudable carácter regional y americanista del Congreso tucumano, claramente demostrado en el Acta de la Independencia que comienza señalando: “Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América”. Por ende, Conmemoramos un hecho profundamente nacional, pero irrefutablemente trascendente para el resto de América.

LA RELEVANCIA LOCAL

Desde Tucumán nacen los departamentos del Este en la Villa Nueva de los Barriales de San Martín

 

La Tebaida

La Tebaida de San Martín. Gentileza Municipalidad de General San Martín

Las sesiones se habían iniciado el 24 de marzo de 1816, y desde ese momento ya había logros significativos por exhibir: demarcación de límites provinciales, el progresista tema de los recursos municipales, la organización y presupuesto para un nuevo Ejército en Cuyo, la acuñación de una nueva moneda de curso legal, la creación de un sistema bancario, el diagrama de una red de caminos, antecedentes de nuestras actuales rutas nacionales y, sobre todo, la creación de villas y localidades.
Indudablemente el nacimiento de la Villa Nueva de Los Barriales, abarcando los actuales departamentos de San Martín, Junín, Rivadavia, parte de Santa Rosa y un costado de Maipú, son el fruto de aquellas resoluciones. Fue así que casi 5 meses más tarde de la gloriosa Declaración de la Independencia surgirá, un 20 de diciembre de 1816, el actual departamento de San Martín.
He ahí un nuevo Bicentenario por conmemorar, pero de esto ya tendremos tiempo para mucho más poder decir.

 

*Profesor de Historia. Actual Director de Educación Media de Mendoza. Desde hace varios años, columnista de Tiempo del Este.  “Las mil y una plagas. El Karma mendocino”, “Rivadavia. Las historias de su historia”, ”Recorriendo el Cincuentenario, la posta y el testamento” , son algunos de los libros escritos por el rivadaviense, además de numerosos artículos periodísticos que buscan rescatar la memoria de Mendoza y   la Región

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