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El fin del zoológico de Mendoza y el dilema del después

El fin del zoológico de Mendoza y el dilema del después

Por Alejandro Prieto*

red

Hace una semana, el gobierno de Mendoza decidió cerrar “por tiempo indefinido” el zoológico local, y  sobre esa situación hoy dejamos esta nota de opinión.
El Zoológico de Mendoza ha entrado en una espiral de decadencia de la cual ya no tiene forma de salir. Setenta muertes en lo que va del año y otros acontecimientos incalificables, como la supuesta herida de bala del hipopótamo y las sospechas de tráfico de fauna, han vuelto a ponerlo en el ojo de la opinión pública.
El agua en los abrevaderos y piletas es un símbolo del panorama turbio y tóxico resultante de la pugna de poder entre funcionarios y empleados, ambientalistas y sindicalistas, públicos y privados. En esa lucha, las acusaciones cruzadas por las muertes, las intoxicaciones y las irregularidades son las armas, y los animales, los rehenes y el daño colateral.

El Zoológico de Mendoza parece próximo a su fin, y la pregunta que flota en el aire es: ¿qué hacemos con él?

Cuando nos planteamos este interrogante, en realidad nos estamos preguntando, en el plano social e individual, cómo queremos ver a los otros animales: ¿como individuos con sus propios intereses o como cosas sujetas a nuestros intereses?

Por un lado tenemos el proyecto «Ecoparque», llevado adelante por algunas organizaciones ambientalistas, proteccionistas y conservacionistas.

La propuesta argumenta su existencia en la ineficacia del modelo de zoológico victoriano en materia de conservación e investigación científica, reemplazándolo por una institución «de avanzada» con exhibición indirecta de los animales.

Pero el cautiverio, en todos los casos, produce daños neurológicos y psicológicos irreversibles, como la zoocosis y los comportamientos estereotipados. Cautiverio y sufrimiento son indisociables, aunque los lineamientos del bienestar animal intenten en vano mitigarlos.

El Ecoparque, continuación del actual modelo de dominación y alineado con el status quo, es una propuesta cómoda para algunas conciencias y funcional a algunos intereses, pero es injusto y vejatorio para los animales en tanto individuos.

Otra línea de acción es ir por el cierre del Zoológico de Mendoza.

Esta propuesta se basa en el hecho indiscutible de que los animales son seres sintientes, sensibles e inteligentes, que desean vivir en libertad y hacer aquello que les es natural. No desean estar tras ninguna reja ni encerrados en ningún recinto.

En cuanto a su aplicación, se comenzaría por cerrar las puertas al público, controlar la reproducción, y prohibir las ventas y canjes para que no hayan animales nuevos. Luego se debería evaluar qué casos pueden ser candidatos para reubicación. Finalmente, los animales que queden deberían quedar a cuidado de personal apto, usando para tales fines la partida presupuestaria anual que recibe el Zoo todos los años.

Cerrando el Zoológico, futuras generaciones de animales se salvarían del trágico destino de terminar tras las rejas o en las fosas. Y podría destinarse el lugar a otro tipo de actividades educativas, recreativas y científicas que no incluyan la explotación de animales.

El cierre es la única solución ética, desprendida de los intereses, egoísmos y conflictos humanos.

Entonces, ¿qué hacemos con el Zoológico de Mendoza? ¿Cómo queremos, en el plano social e individual, seguir viendo a los animales? ¿Queremos respetar sus intereses, o subyugarlos a los nuestros?

La decisión final dependerá de esa respuesta.
(Télam)

(*) Integrante de la Red Animalista Mendoza.

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