Montemar 150×150

LUNES: Poca nubosidad con heladas y ascenso de la temperatura, vientos del noreste. Mínimas en zonas rurales: -6 a -3°C. Máxima: 14ºC Mínima: -1ºC
MARTES: Algo nublado con ascenso de la temperatura, vientos del noreste. Máxima:17ºC Mínima: 1ºC
MIÉRCOLES: Algo nublado con ascenso de la temperatura, vientos del noreste. Máxima: 20ºC Mínima: 3ºC

“El país de la memoria corta y la muerte larga” por Daniel Fermani

“El país de la memoria corta y la muerte larga” por Daniel Fermani

La vida dura mientras dura la memoria, dicen. La verdadera muerte llega cuando ya nadie se acuerda. O sea, una es la muerte física y espiritual de una persona, otra es su muerte social, la desaparición de un recuerdo que mantiene su nombre y sus obras vigentes en una comunidad, en una provincia, en un país.

 

En Argentina tenemos mucha memoria para algunas cosas, nunca se nos van a morir San Martín o Gardel, por ejemplo. Pero hay otros argentinos que se han muerto incluso tal vez antes de morirse del todo. Y a veces esas muertes se hacen largas, larguísimas, porque no son honradas por el digno recuerdo, como en el caso de nuestros próceres o de nuestros grandes artistas, sino que son oportuna moneda de cambio de los medios de comunicación y de los intereses políticos.

 

Por ejemplo, ¿qué pasó con el submarino ARA San Juan y sus más de cuarenta tripulantes? Nunca se lo encontró, ni se supo que fue de sus 38 tripulantes y seis buzos tácticos. Pero repentinamente dejó de ser noticia, y esos muertos –o desaparecidos, hasta que se pruebe lo contrario- siguen pesando en el espíritu de nuestro país como los treinta mil desaparecidos de la dictadura, como los ciudadanos que desaparecen todos los días sin que se vuelva a saber de ellos, y como tantos y tantos casos irresueltos. La misma noticia cansa después de un tiempo, y como se decía en la jerga periodística “con el diario de ayer se encueve el pescado”. Desgraciadamente, ese pescado que envolvemos cada día es parte del cuerpo y el alma de un país muy dispuesto a olvidarse de lo que no le recuerdan los noticieros, que sólo dan información vendible y rentable, y que responda a los intereses del patrón de turno. Mientras tanto, más de cuarenta argentinos yacen –supuestamente- en el fondo del mar, y nadie parece haber sido capaz no sólo de encontrarlos, sino tampoco de haber hallado el submarino. Misterios de la tecnología, tenemos fotografías de Marte y no se encuentra un submarino frente a las costas del propio país.

 

ARA San Juan, el submarino con el cual la Armada Argentina perdió contacto el pasado 15 de noviembre.

Quizás si el Mar Argentino esté maldito, o al menos embrujado. En los fondos arenosos, entre madreperlas y algas, conversarán los muertos que desde hace quinientos años se acumulan desordenados e inciertos, víctimas de las limpiezas étnicas de los conquistadores, de las inquinas políticas del pos virreinato, de las purgas de los unitarios y de la violencia sin par de las primeras, segundas, terceras y enésimas dictaduras militares. Ahora también hay otros habitantes en el Mar Argentino, habitantes de quienes no se sabe cuál fue su culpa, nuevos ciudadanos de las profundidades tan pobladas del olvido. Porque la injusticia tiene el mejor de los abogados: el olvido.

 

Los muertos siguen muertos, duermen en sus tumbas. Los desaparecidos no alcanzan la muerte, porque como Polinices, el hermano insepulto de Antígona, esperan el rito que los declare muertos y los despida de la vida, abriéndoles las puertas del más allá. Pues sin sepultura no hay muerto, sin ceremonia no hay muerto, y en estos casos el dicho popular se cumple exactamente a la inversa: ojos que no ven, corazón que no puede dejar de sentir.

 

¿Quién habrá dado la orden a los periodistas y noticieros argentinos para que no mencionaran nunca más la desaparición del Ara San Juan? ¿Qué intereses se esconden detrás de este ominoso silencio?

 

Tantos otros silencios azotan la Argentina: no sólo sobre los cadáveres, cientos, miles, sino sobre las verdades, que se convierten en cadáveres cuando son acalladas y ocultadas a la gente; verdades sobre la venta del país, sobre el robo sistemático de sus riquezas, sobre las inconmensurables fortunas de los políticos y sus sicarios. Cadáveres y más cadáveres, la larga sombra del olvido, la memoria mutilada y recortada, asfixiada y drogada, y la muerte allí, siempre sonriendo, incólume y eterna.

 

El autor de la nota es Profesor y Licenciado en Letras, dramaturgo y novelista.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *