Montemar 150×150

MARTES: Nubosidad variable con descenso de la temperatura, vientos moderados del sudeste. Tormentas aisladas durante la noche. Precipitaciones en cordillera. Ingreso de frente frío. Máxima: 25ºC Mínima: 12ºC
MIÉRCOLES: Nubosidad variable con descenso de la temperatura, vientos del sector sur rotando al noreste. Máxima: 21ºC Mínima: 10ºC
JUEVES: Algo nublado con ascenso de la temperatura, vientos leves del noreste. Máxima: 23ºC Mínima: 9ºC

«El teatro arqueológico» por Daniel Fermani

«El teatro arqueológico» por Daniel Fermani

 

Fermani *Por Daniel Fermani

 

El teatro en Mendoza no escapa a los comunes casos del teatro argentino en general, y sin duda del teatro latinoamericano. Excluyo al teatro europeo, que hace tiempo se ha estancado en la forma, y salvo pocas excepciones repite modelos exitosos acuñados en tiempos de la Commedia dell’Arte.

Al hablar de comunes casos me refiero al teatro de representación realista, o incluso naturalista, que no tendría nada de reprochable en sí –fuera del hecho de que es una pieza arqueológica-, si no fuera que en la mayoría de los casos se hace pie en el humor o en el dramatismo de fácil alcance, en obras de ideas precocinadas que nada dejan a la imaginación del espectador.

Para ser comunes también en el análisis, podríamos acusar a la televisión del embrutecimiento generalizado de la población, y a la basura que regularmente vierte el mercado teatral de Buenos Aires en las salas mendocinas y de todo el país al que desdeñosamente llama “el interior”. Pero esta acusación sería falsa, ya que las personas adictas a la televisión no asisten al teatro, y las que pagan entradas para ver las puestas bonaerenses, no son espectadores del teatro mendocino. Es momento, por lo tanto, de dejar de desviar la culpabilidad de un mal teatro y de asumir las responsabilidades que ha acarreado la proliferación de espectáculos banales y de mala calidad, y la consiguiente estupidización del público. ¿Acaso se puede mejorar el gusto del público mejorando la calidad del teatro? Esa pregunta hubiera sido pertinente hacérsela a Pericles, gobernador de la luminosa Atenas del siglo V a.C. Pero no se la podríamos plantear a ninguno de nuestros políticos, y mucho menos a los responsables de la “Cultura y Educación”, de ninguno de los gobiernos de los cuales guardamos memoria, ya que jamás se los ha visto en una sala teatral, a excepción de los actos oficiales hechos por y para ellos mismos.

Por lo tanto, sin esperar que el oficialismo propicie el florecimiento y difusión del arte de calidad, queda a los mismos artífices del teatro la responsabilidad de educar. Si el teatro no educara al público, tampoco lo haría la escuela con la población. Argumentar que el público ya está embrutecido por la televisión y por eso no gusta del buen teatro, sería lo mismo que decir que los niños ya están embrutecidos por la pobreza y la situación social, y que asistan a la escuela no sirve de nada.

La cuestión entonces se centra en los teatristas, dramaturgos y directores, pero también en los actores de teatro. Y a ellos debería apuntar la pregunta: ¿qué sentido tiene hacer teatro arqueológico? ¿Por qué despilfarrar ingenio y energía en la mala improvisación y en el humor prescripto? Si se sigue subestimando la capacidad mental del espectador, se terminará en un mundo sin posibilidad de pensamiento, sin espíritu crítico, sin buen gusto, en fin, sin ninguna cultura ni herramientas para lograrla.

Hacer teatro como se hacía en el siglo XIX, usar la improvisación no como la enseñó Stanislavsky sino como el arte de no estudiar ni entrenar, mutilar textos de calidad con la excusa de modernizarlos o hacerlos más cortos y accesibles, manejar un lenguaje vulgar y de pésimo gusto porque eso es lo que se habla en la calle, no es hacer arte. Es hundir el teatro en el pantano de la mediocridad en el cual el verdadero ahogado es el ser humano, en primer lugar el mismo hacedor de teatro. Porque el teatro verdadero seguirá existiendo, como existe la belleza a pesar de que el sistema capitalista y consumista quiera convencer a la humanidad de que el horror cotidiano en que ha sumido al mundo tiene algo de belleza y de humanidad.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *