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Evolución de la música de raíz folklórica desde 1816 a la fecha

Evolución de la música de raíz folklórica desde 1816 a la fecha

Por Roberto Mercado*

RMercado

 

EVOLUCIÓN DE LA MÚSICA DE RAÍZ FOLKLÓRICA DESDE 1816 A LA FECHA

 

El 9 de Julio de 1816 el Congreso realizado en San Miguel de Tucumán declaró solemnemente a la faz de la tierra, la voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España. Historia por todos conocida.

¿Y qué de la música, en particular de la de raíz folklórica, en aquellos días y su evolución en 200 años? En esta nota intentaremos resumir y contar sobre los distintos géneros musicales que acompañaron a nuestro país desde aquella memorable fecha hasta nuestros días.

Pero antes de adentrarnos en ello es necesario recordar que la conquista española, ocurrida en 1492, borró o la enmascaró bajo otro nombre, casi en su totalidad, cualquier manifestación musical y cultural del continente, por lo que lo que hoy conocemos como música folklórica, o de raíz folklórica, se generó bajo la influencia europea y sus correspondientes procesos de acriollamiento o folklorización.

bagualaAlgunos estudiosos sostienen que la Baguala y el Huayno en el NOA y ciertos Rituales y Ceremonias de las comunidades aborígenes (especialmente Tehuelche y Mapuche) de la Patagonia, son los únicos géneros musicales que sobrevivieron a semejante tragedia.

Por lo tanto podemos separar en 3 grandes acontecimientos históricos-culturales al proceso de gestación musical en nuestro país: La colonización española (Siglos XV al XVIII), la inmigración europea (1850 – 1930) y la migración interna (1900 en adelante).

 

Allá por 1816

Dice Carlos Vega en su Bailes Tradicionales Argentinos, Editorial Julio Korn 1959: El Cielito fue el gran canto popular de la Independencia. Atraído por la revolución, vino de las pampas bonaerenses, ascendió a los estrados, se incorporó a los ejércitos y difundió por Sudamérica su enardecido grito rural…”.

gauchos guitarra poncho inglésA este popular género musical, diversos estudios agregan El Cuando, El Pericón, El Vals y El Minué (también llamado Minué Montonero, o Montonero solamente, Nacional o Minué Federal o simplemente Federal), siempre hablando de lo que se escuchaba y bailaba en los salones de la alta sociedad de Buenos Aires.

Otras investigaciones, como la de Augusto Berengan en su libro La Canción Criolla Argentina, Editorial Ross 2011, sitúan a El Huayno, El YaravíEl Triste en el Nor Oeste Argentino y su posterior desplazamiento hacia la zona pampeana.

 

Ampliación de géneros alrededor de 1850

La llegada de las corrientes inmigratorias europeas, especialmente española, trajo consigo distintas expresiones musicales y literarias que en muchos casos se mixturaron con las aquí vigentes o se modificaron, poco más o poco menos, en los llamados procesos de folklorización para dar pie a una gran cantidad de nuevos géneros musicales que algunos llamaron folklóricos y otros de raíz folklórica.

La popularización de la guitarra como instrumento fundamental contribuyó enormemente.

Alrededor de 1850, y según el trabajo antes citado de Carlos Vega, se arraigan una importante cantidad de géneros musicales con mayor o menor aceptación popular. Incluso varios de ellos muy similares entre sí o de un mismo origen.

Así La Resbalosa, La Media Caña, La Firmeza, El Gato, La Chacarera, El Triunfo, El Carnavalito, La Condición, El Escondido, La Mariquita, El Pala Pala, La Calandria, La Danza de las Cintas, La Huella, La Sajuriana, El Bailecito, El Pajarillo, El Malambo, La Zamba (también llamada en sus orígenes como Chilena), El Chamamé, La Chamarrita, El Rasguido Doble, La Cifra, El Estilo, La Milonga, La Vidala, La Vidalita, La Chaya y muchos más formarán parte del amplio abanico musical argentino.

 

Por Mendoza se arraigaban La Tonada, La Cueca, El Gato, El Estilo, La Resbalosa y El Vals,  por nombrar los de mayor aceptación.

Muchos años más acá, distintas investigaciones de músicos como Hugo Giménez Agüero y Marcelo Berbel realizadas en la Patagonia, ponen en valor géneros como El Loncomeo, El Kaani, La Cordillerana y La Chorrillera entre otros.

Con el tiempo, las distintas especies musicales se fueron agrupando en regiones. María del Carmen Aguilar, en su libro Folklore para armar, Ediciones Culturales Argentinas, 1991, sostiene: “La Argentina tiene áreas con características musicales propias: litoral, noroeste, Cuyo, Región Central, Pampa y Sur”.

RefalosaLa masividad y su llegada a Buenos Aires

Durante todo el siglo XIX el ámbito de ejecución musical eran los salones, pulperías o los ranchos y su popularidad se acotaba a esos lugares. Pero esto no llegaba al “gran público”, debido esto a la cultura europeizante que predominaba en esos tiempos.

“Carlos Vega sostiene en sus Apuntes para la historia del movimiento tradicionalista, que el poema de José Hernández, El Martín Fierro, abrió un período relevante del desarrollo de las expresiones criollistas. Además  de su calidad literaria y de la importancia de los asuntos que trataba, las campañas de alfabetización y las impresiones baratas hicieron que esta obra alcanzara una gran difusión, especialmente, en las zonas rurales”. Este párrafo fue extraído del interesantísimo libro Eso que llamamos Folklore, de Emilio Pedro Portorrico, edición del autor de 2015.

Andrés Chazarreta

La llegada de don Andrés Avelino Chazarreta a Buenos Aires, el 16 de marzo de 1921, con su Conjunto de Arte Nativo para presentar en el Teatro Politeama su espectáculo de música criolla, es considerada por numerosos estudiosos como el punto de partida hacia la popularidad masiva de nuestro folklore.

 

La radiofonía y el disco y la migración interna

A este hecho se le sumaría un elemento fundamental para la multiplicación de las voces, la aparición de la radiofonía y posteriormente el disco.

Al respecto dice Portorrico: “En 1920 se habían realizado en nuestro país las primeras difusiones radiales regulares, y desde 1923 hasta 1929 se inauguraron una veintena de emisoras, dando los pasos fundacionales de un medio que, junto con el disco y en menor medida el cinematógrafo, habrían de encargarse de difundir la música nacional en las décadas siguientes”.

La masiva migración interna, especialmente a Buenos Aires, contribuyó notablemente. Los cantores populares de las provincias tenían un contexto favorable para intentar alcanzar la fama en la gran capital. Las radios contrataban y formaban elencos estables para actuar en vivo. Se multiplicaban los programas y la creación de centros tradicionalistas y la aparición de las peñas contaba con público ávido de recordar su provincia a través de sus cantores.


El Boom del folklore

Pero el salto definitivo hacia la masividad llegará en la década del 60 con el denominado El boom del folklore.

Dice Emilio Portorrico en su Diccionario Biográfico de la Música Argentina de Raíz Folklórica: “En la década del 60 la fiebre folklórica se apoderó de la juventud que colmaba con su presencia y participación programas como el concurso televisivo <guitarreadas> y agotaba los stocks de guitarras de las casas de música…

            En 1961 se llevó a cabo la primera edición del Festival de Cosquín. La buena repercusión que obtuvo, motivó su institucionalización al año siguiente. Esto fue imitado a lo largo y ancho del país…

            Al mismo tiempo se gestaba una especie de industria de la música de raíz folklórica…”.

Desde esa década hasta la fecha, y con sus vaivenes conocidos, la música popular de raíz folklórica forma para fundamental de nuestra identidad cultural.

En estos doscientos años de historia el folklore se gestó, desarrolló, arraigó y se instaló definitivamente en el ser nacional.

 

  • El autor de esta nota es músico y compositor. Además, es profesor de música y ha publicado libros de los distritos de Junín.  Desde sus columnas habituales en Tiempo del Este, ha hecho un relevamiento de los grupos o solistas de la Región.

 

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