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Francia no desea cambiar sus hábitos por el terrorismo

Francia no desea cambiar sus hábitos por el terrorismo

A Angèle no le dan miedo los terroristas. Por eso ha hecho una hora de viaje en cercanías con su bebé de apenas 11 meses hasta el Estadio de Francia, en Saint Denis, donde el Ayuntamiento homenajeaba a las víctimas de los atentados que golpearon Francia el pasado viernes acabando con la vida de 129 personas y dejando más de 300 heridos.

Ella es una de las cientos de personas que esta noche se han acercado hasta el Estadio, con una rosa blanca entre las manos que depositaron en silencio entre las rejas del recinto. Allí perdía la vida hace una semana un vecino de la ciudad, dejando mujer y dos hijas. Uno de los terroristas se lo llevó por delante cuando su cinturón de explosivos se accionó. Podía haber sido peor, había 80.000 personas siguiendo en vivo el partido entre Francia y Alemania.

Es un encuentro casi excepcional, pues el estado de emergencia instaurado por el Gobierno impide cualquier concentración por miedo a un nuevo ataque. «Tengo ganas de mostrar que no tengo miedo y que siempre estaremos aquí», dice Angèle, cuya mejor amiga perdió a su hermano en los atentados. «No nos dejaremos pisotear por fanáticos».Thomas no perdió a ningún conocido, pero esa noche marcó su 18 cumpleaños. Se encontraba festejándolo en pleno centro de París cuando se enteró de lo que estaba ocurriendo. Él quiere poner cara a los habitantes de la periferia parisina, de los que tanto se habla estos días, para decir basta. «Es importante que mostremos que no por vivir en la periferia no somos solidarios con lo que está pasando», reclama. Thomas sabe que los terroristas buscaban a los de su generación, pero no tiene miedo. «No va a ser la bomba de unos frustrados de la vida, con barba y vestido, lo que nos va a impedir disfrutar», reivindica.

«Yo vivo ahí». Mumu señala un edificio frente al Estadio. «El viernes estaba en mi casa y escuché un fuerte ruido pero pensé que sería el partido, algún petardo, como es habitual. Cuando puse la televisión y vi lo que pasaba no me lo podía creer, no pude dormir hasta las siete de la mañana», cuenta. Mumu ha venido con una compañera de trabajo, Isabelle. Ambas esperan en silencio el comienzo del homenaje. Se les saltan las lágrimas.Y sí, reconocen tener miedo, «¿y qué?».

«Claro que tengo miedo pero eso no nos impide avanzar, hay que vivir con ello», dice Isabelle. Si hoy las dos han venido juntas, a pesar de sus diferentes religiones y orígenes, es para mandar un mensaje a los terroristas, pero también a algunos políticos: «Estamos aquí por el bienestar de todos, para que todos nos mantengamos unidos y no nos dividan, que es lo que quieren».

El alcalde de Saint Denis, Didier Paillard, toma la palabra. Junto a él, varios concejales de la ciudad y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que llevan una rosa blanca símbolo de la pureza y la inocencia de los que el pasado viernes perdieron la vida. «Han atacado a la juventud, pero nunca detendrán sus ganas de vivir», dice Paillard.

Han sido días difíciles para los vecinos de Saint Denis, que han vivido, además de un atentado casi fallido, la tensión de un violento asalto que despertó a los vecinos éste miércoles entre tiros y explosiones. El cerebro de la operación, Abdelhamid Abaaoud, murió en la intervención, al igual que otra mujer, posiblemente un miembro de su familia, que se inmoló.

«Saldremos más fuertes de este golpe», asegura Paillard. Ante él, con una rosa blanca en el pecho, los vecinos de Saint Denis miran adelante, con incertidumbre, pero con esperanza, para dejar cientos de flores bajo un cartel simbólico en una ciudad compuesta en un 45% por extranjeros: «La mejor respuesta a la barbarie es plantar cara unidos». Algunas llevan velo, otros visten vaqueros y cargan a sus niños a hombros, que no terminan de comprender lo que ha pasado. Algo así como que unos malos han matado a unos buenos.

Tras el minuto de silencio, se levanta una voz en tono solemne. Es ‘La Marsellesa’, quizás lo mas escuchado en el área de París estos días, después de las sirenas y el «ten cuidado», que todos se dicen al despedirse en las calles, en los comercios, al teléfono. Hace una semana, decenas de miles de personas la cantaron al unísono mientras salían del Estadio para festejar que seguían vivos y unidos. Quizás por eso, hoy, volvieron a entonarla.

(El Mundo)

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