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Intendentes para siempre

Intendentes para siempre

Por Mario Rivero*

Mucho ha dado qué hablar en los medios y en las redes sociales la medida cautelar presentada ante la Suprema Corte de Mendoza a la cual, finalmente, dio lugar la Sala II, integrada por los Dres. Valerio, Adaro y Palermo.

Por esta vía quedarían habilitados de momento los Intendentes Municipales de San Martín, Tunuyán, San Rafael y Lavalle, quienes podrán presentarse como precandidatos a Intendentes en las PASO próximas a celebrarse, evitando de esta manera que les alcancen los efectos del Decreto N° 2010 por el cual se limitaba la reelección indefinida de los caciques departamentales.

Los intendentes justicialistas que motorizan sus propias reelecciones.

Así presentado el tema, y si bien resta definir la cuestión de fondo, es posible hacer algunas consideraciones que –en mi opinión-  pueden servir de disparador para sacar conclusiones que van más allá del análisis de un fallo judicial.

La decisión del Gobernador Alfredo Cornejo al firmar el Decreto N° 2010 que promulga la enmienda del Artículo 198 de la Constitución de Mendoza y limita las reelecciones de los intendentes a una sola, generó una histeria colectiva en la dirigencia oficialista de los Departamentos mencionados y dejó abierta la posibilidad que se concretara lo que para ellos es la suma de todos los miedos: perder el poder político.

El gobernador Alfredo Cornejo el día que promulgó la limitación para la reelección de los intendentes.

Hemos podido observar que desde el retorno de la democracia a partir del año 1983 los excesivos personalismos no han permitido a los partidos políticos gobernantes en los Municipios, la formación de nuevos cuadros políticos de los que surja algún sucesor capaz de aglutinar en torno de él las voluntades necesarias; es como si tácitamente los partidos políticos oficialistas asumieran que, una vez llegado al poder, el Intendente y solamente él es capaz de encarnar un proyecto político.

Esto, en pocas palabras, es admitir el fracaso en la generación de nuevos dirigentes capaces de liderar la renovación y la alternancia que debe existir para que se oxigenen las estructuras partidarias.

¿Es sano para la política partidaria que luego de 16 años de gobernar el mismo partido político no haya nuevos candidatos?

Pareciera, y así lo demostró la presentación ante la Suprema Corte, que si no se presenta el Intendente como precandidato no hay plan B, no existiría la posibilidad de competir en las elecciones sino es con esa persona, no hay más dirigentes que puedan representar a su partido político en un proceso electoral.

Están las puertas cerradas para nuevas figuras, no hay chances para los nuevos cuadros políticos, aquí efectivamente podemos hablar de “proscripción” dentro de las estructuras partidarias, ya que se encuentra vedada la posibilidad que alguien se presente como candidato. En definitiva, aferrarse a este nefasto sistema es admitir que solo es posible que el Intendente y solo él pueda ser precandidato; esto es personalismo a la enésima potencia.

Quien ha ostentando y ejercido el poder político durante varias gestiones consecutivas intentará buscar todos los medios, muchas veces sin pudor alguno, para conservarlo.

Las instituciones políticas, y en este caso en especial los partidos políticos oficialistas, pierden su identidad, que es su razón de ser y ceden ante las aspiraciones de quienes quieren seguir empoderados.

Los siete ministros de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza. En conjunto, deberán resolver la situación de fondo planteada.

Esta ambición desmedida de mantener el poder político hace que la ideología del partido político gobernante se vuelva secundaria y se pierda, y termine cediendo una bandera tan importante como es la de la alternancia política en pos de perpetuar en el poder a un dirigente determinado.

Coincido con Enrique Krause quien al referirse al “mesianismo político” lo define como la “concentración del poder en manos de una sola persona….”  y afirma que éste fenómeno representa “riesgos muy grandes”, y en este caso en particular pareciera que el mayor daño que se produce es la cristalización de la oferta electoral del partido oficialista, solo hay un candidato posible: el Intendente.

El derrotero de las instituciones de la Provincia de Mendoza a lo largo de su existencia, como tal, es una nave insignia en el concierto Nacional y es una marca que nos enorgullece a todos, pero sin lugar a dudas este tema de la reelección indefinida de los Intendentes es una de las materias pendientes que nos quedan, y debieron ser los mismos protagonistas los que en un acto de civismo allanaran el camino para que efectivamente se concreten los alcances del Decreto N° 2010, el cual no hace otra cosa más que receptar la voluntad popular manifestada libremente en elecciones.    

Sin lugar a dudas es saludable la reforma impulsada por el Gobierno Provincial al sistema que permitía la reelección indefinida y consecutiva para el cargo de Intendente, y seguramente deberán trabajarse sobre consensos amplios para lograr la tan ansiada reforma constitucional.

Pero sin dudas, este primer paso significa el ocaso de los intendentes históricos, que si bien llegaron a sus cargos impulsados por el voto popular, entendieron que debían perpetuarse sin dar lugar a la renovación en la política.

*El autor de esta nota es abogado. Asesor letrado de la Municipalidad de Santa Rosa.

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