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La “grieta” llegó a Colombia: Petro y Duque van al ballotage y buscan seducir al electorado con proyectos de país enfrentados

La “grieta” llegó a Colombia: Petro y Duque van al ballotage y buscan seducir al electorado con proyectos de país enfrentados

La “grieta” parece no ser solamente algo propio de Argentina. En Colombia, los dos candidatos que se disputarán la presidencia el próximo 17 de junio tienen programas que se encuentran en las antípodas.

 

A Iván Duque y a Gustavo Petro les quedan tres semanas para convencer a los votantes de centro con vistas a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Los ciudadanos tienen, según los estudios de opinión, tres preocupaciones centrales: la corrupción y la regeneración; la paz y la seguridad; y la economía. A eso se añaden las inquietudes relacionadas con Venezuela y la repercusión de la deriva del régimen de Nicolás Maduro en el país andino. Estas son las posiciones de los dos aspirantes sobre estas cuestiones.

Corrupción y regeneración. Duque promete acabar con la corrupción y propone que las campañas políticas sean enteramente financiadas por el Estado. Recuerda constantemente que es el candidato más joven (nació en 1976) y ha llegado la hora de un relevo generacional para renovar la política colombiana. Ha declarado su admiración por líderes como el presidente francés, Emmanuel Macron; el primer ministro canadiense, Justin Trudeau y el líder del partido español Ciudadanos, Albert Rivera. Sin embargo, le suelen echar en cara que es también el candidato de las posiciones más conservadoras, que sus principales apoyos son los expresidentes Álvaro Uribe (2002-2010) y Andrés Pastrana (1998-2002), y que una parte significativa del voto religioso y los sectores cristianos forman parte de su coalición.

 

Petro recuerda en cada uno de sus discursos sus años en el Congreso en los que, asegura, denunció lo que después se convertiría en los grandes escándalos de corrupción como Odebrecht. El candidato habla de “una dictadura de la corrupción” para referirse a un problema estructural en Colombia y pretende cambiarla con “meritocracia judicial” y “autonomía presupuestal”.

Paz y seguridad. Iván Duque consiguió agrupar a la derecha en torno a la misma coalición que promovió el triunfo del no en el plebiscito sobre la negociación de paz. Sin embargo, asegura que no tiene intención de “hacer trizas” los acuerdos como demandan los sectores más intransigentes del uribismo, solo hacerles algunas modificaciones importantes. Ha sido especialmente crítico con el supuesto sesgo ideológico de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el sistema de justicia transicional que ya está en marcha pero tiene pendientes detalles de reglamentación. También con la participación en política de los líderes de la FARC -que cuenta con 10 escaños en el congreso- sin que hayan rendido cuentas por los delitos atroces que cometieron durante el conflicto. A esos dos aspectos apuntan las reformas que promete. También busca que el narcotráfico no sea un delito amnistiable en ningún caso.

Petro ha apoyado la negociación que terminó en la desmovilización de la guerrilla de las FARC, pero nunca la ha considerado un proceso de paz sino un acuerdo para acabar con la guerra.

El candidato de la plataforma Colombia Humana denuncia lo que considera “la balcanización” a la que está abocado el país por la actual presencia de los cárteles mexicanos en algunas regiones. Para conseguirlo propone “quitarle el pueblo a la mafia”. Es decir, una reforma rural que no se base solo en la sustitución de cultivos de coca, que contemple también el reparto de la tierra. De esta manera, opina, los campesinos volverán a las tierras fértiles, el narco quedará debilitado por falta de mano de obra y el Ejército será más efectivo en sus operativos.

Economía. A pesar de que Colombia tiene perspectivas macroeconómicas favorables, y acaba de ser admitida en la OCDE, Duque se propone “recuperar” la economía y eliminar el derroche que le endilga al gobierno de Juan Manuel Santos. También planea atacar la evasión y bajar impuestos (especialmente al sector empresarial). Apunta a simplificar el sistema tributario, así como eliminar trámites y requisitos burocráticos. “No quiero que el Estado siga viendo al que genera empleo como una vaca lechera”, ha dicho. El exfuncionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) busca avanzar hacia un modelo que se concentre en la llamada “economía naranja”, es decir, medidas para fomentar el emprendimiento y la industria creativa.

Toda la propuesta del representante de la izquierda se sustenta en el cambio climático. Tras negar que su llegada a la Casa Nariño significaría la expropiación o la nacionalización de la economía, Petro ha sido de los pocos candidatos en distanciarse del modelo extractivo del petróleo y el carbón. Cree en redirigir la inversión extranjera hacia nuevos sectores como las energías renovables.

Su otro frente de batalla es la clase empresarial que se ha mostrado más favorable a las propuestas de Duque. “Dividámosla en dos. Los magnates son cinco, están fuertemente subsidiados por el Estado. El resto se ven en Bogotá, son casi 200.000. Sufren las dos presiones, la social de abajo y la del Estado por encima, la política tributaria nunca los compensa. No voy a hacerle la guerra a los magnates, expropiarlos, pero el país no puede subordinarse a ellos”.

Venezuela. Duque propone trabajar con los jefes de Estado del continente para “que acabe la dictadura” de Maduro en Venezuela, y presentó una denuncia contra el mandatario ante la Corte de La Haya, aunque descarta una eventual intervención militar. Petro, que fue amigo del expresidente fallecido Hugo Chávez, se ha distanciado del régimen, al que llegó a calificar de “dictadura inostenible”, ha lanzado críticas a su modelo productivo, pero apuesta por no intervenir en la política del país vecino.

 

 

(El País.com)

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