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La maravillosa terapia de un obrero de viña, el rivadaviense Chiche Morello

La maravillosa terapia de un obrero de viña, el rivadaviense Chiche Morello

 

Canciones para sentirse vivo

            “Escribo canciones para sentirme vivo, como terapia, para saber que estoy bien, que puedo pensar y expresarme…”, toda una definición, un motivo de vida.

            La frase corresponde a Juan Fidel “el Chiche” Morello, un obrero de viña jubilado que dedicó su existencia al duro trabajo de la tierra y al maravilloso oficio de escribir canciones.

El Chiche Morello y sus partituras

El hombre en cuestión vivió todos sus días en el distrito La Libertad, en el departamento de Rivadavia y trabajó en la Finca Catena del mismo lugar. A la rudeza de la tarea del hombre rural,  le antepuso la caricia al alma que significa sacar de adentro toda una lírica que no tuvo pretensiones económicas ni de fama, sino la de pintar a su manera todo lo que lo rodeaba y lo que podía abarcar la inmensidad de sus ojos.

            “Empecé como jugando. Escuchaba las canciones en inglés de Los Beatles y como no sabía el idioma, le ponía otra letra y las cantaba…”, suelta a modo de comentario sobre su comienzo. Por ese entonces, con solo 13 años, no tenía ningún vínculo con la música.

 

El último café

La primera canción propia tendría un escenario afín a muchos creadores, el bar-café.

“Fue cuando salimos al cine por la noche, cuando dejábamos la bicicleta en el centro y nos íbamos a la sala. A la salida nos fuimos a un bar-café que estaba frente a la plaza. Había una pareja. De pronto la mujer se levantó y se fue. El hombre la siguió y ahí surgió la letra: -la mesa de un café, testigo mudo de tantas cosas, en ellas cuántos hay que ahogan un dolor o sepultarán sus penas-; me vine a casa y agarré un papelito que había en la mesa y la terminé de escribir.

“Como a los cuatro meses, ya estaba aprendiendo a tocar la viola, me puse a buscar y salió la melodía….”, nos relató.

Melodía de Fidel Morello, el Chiche, como es conocido en Rivadavia

Estudió guitarra con Carlos Moreira y teoría musical con David Ríos. A partir de allí todas las letras tendrían su correspondiente melodía.

La inspiración lo podía abordar trabajando la viña, en alguna conversación, en un comentario o viendo televisión. La cuestión era estar atento para tomar alguna idea.

 

Escuchar para aprender

Revela que siempre fue de escuchar mucha música, aunque poco lector. Todas esas melodías que la radio le brindaba fue siendo su base de datos para escribir y componer. Sin rebusques, simple y directo, como la vida misma.

Con el tiempo le iba a agregar al lápiz, el papel y la guitarra un grabador como elemento de trabajo. Con él, a prueba y error, moldeaba su obra hasta que le gustaba para darla por terminada.

            Si bien la exposición de lo que hacía no estaba en sus intenciones, cuenta como actividad musical unas tres actuaciones en los espectáculos que se hacían en la peatonal de Rivadavia, en la gestión cultural de Maxi González, y un concurso nacional de temas inéditos en el que participó a principios de los 80, en Radio Libertador de Mendoza.

Los géneros con los que mejor se llevaba fueron baladas, canciones, pop y una tonada.

Tal vez tenga que ser su herencia quien le dé visibilidad a su trabajo. “Mi nieto Joaquín ha tomado dos canciones y las hace a su manera con su banda de rock Namasté…”, suelta con una sonrisa cómplice.

Antes de cerrar la nota, el Chiche agarró su guitarra y cantó un par de sus trovas. El brillo de sus ojos y los nervios del momento delataban su sentimiento, ese que aflora en cualquier situación para terminar en canción, tan solo para sentirse vivo y despojado de cualquier interés por el solo hecho de expresarse.

¡Toda una filosofía de vida!

 

Por Roberto Mercado
romercado1962@yahoo.com.ar

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