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Rito Moreno, el hombre que se convirtió en caballo

En el distrito de Las Catitas, aún hay vecinos que se resisten a olvidar un hecho que los conmovió por sus características y que, lejos de emparentarse con las supersticiones, juran sucedió entre los años 40 y 50 del siglo pasado. Se trata del caso de Restituto “Rito” Moreno, el hombre que se creía caballo.


Cuentan los memoriosos que todo comenzó de modo casi circunstancial. Si, cuando era un niño bonito y moreno, a Rito lo mandaron a llevar unas tortas caseras a los vecinos de un puesto, con la expresa orden de que no fuese a abrir la servilleta de tela y comerse alguna. Pero en el trayecto y con esa ansiedad que suelen tener los niños, olvidándose que en la casa había probado varias, abrió el paquete y con voracidad se comió una, a la que encontró riquísima.


Contento con su picardía, al llegar a destino dijo: “Acá me mandó mi mamá a traer este paquete”. “¿Qué es?”, respondió el dueño de casa con impaciencia. Al ver las tentadoras tortas, aún calentitas, antes de dar las gracias, le hincó un mordisco y extendió una al niño, que no la aceptó, emprendiendo el regreso hacia su casa.


“¿Dejaste el paquete sin abrirlo como te mandé, nene?”. “Si, mamá”, respondió el niño, que esa misma noche tuvo un extraño sueño con una tropilla de caballos, que galopaban libremente por el campo, aunque al otro día él se despertó sudado y le pareció mas verdad que sueño.

 

Transformación
A partir de allí, nada sería lo mismo. Y Rito, ya un adolescente, no podía estar en la casa, sino que su hábitat era el campo santarrosino, donde en los anocheceres primaverales comenzó a transformarse en caballo, dejando de lado las costumbres humanas para dar fuertes relinchos de potrillo, resollos estridentes y correr decenas de kilómetros acompañando a equinos o mulares, que lo aceptaban como uno de su especie.


Otras veces iba tras los carros cargados con leña, pero su presencia no pasaba desapercibida para nadie. Los lugareños le temían y respetaban. Inclusive, algunos, al verlo se persignaban, como buscando protegerse de ese ser que se creía –o era- un caballo. En ciertas ocasiones, su desbocada carrera era interceptada por el lazo de algún vecino, dispuesto y generoso, que lo ataba a su palenque o lo encerraba en el corral de sus propios equinos, para calmar al transformado, que consumía el mismo alimento que los animales.
Otra vez, recuerda un memorioso vecino, terminó en el Corral del Estado, conducido por el Policía de Guardia, que de “lejitos” puso agua en un recipiente y un poquito de verde pasto, por las dudas.


Y así fueron pasando los años, con el perpetuo interrogante de los puesteros, si aquello que veían era un caballo del más allá que venía a reencarnarse temporalmente o, tal vez, solo era ese hombre bueno que se creía caballo.

 

¿Licantropía o centauro?
Para la ciencia, el caso de Rito debería encuadrarse dentro de lo que se llama licantropía clínica, que es una enfermedad mental en la cual el paciente se cree que es, o que se ha transformado en un caballo, como en este caso. Y para los que le gusta la mitología, este podría ser el caso de un centauro contemporáneo y pacífico.


Aquellos que lo conocieron aseguran que esa metamorfosis que sufría el Rito, se debía a un mal destinado a otra persona, pero que involuntariamente él había contraído cuando era un niño, al comerse aquella tortita que contenía el “mal”, que consistía en sufrir el padecimiento y el mal trato al que están expuestos los caballos.


Ya jubilado, en sus años finales vivió en la casa de Don Secundino “quien le brindaba alojamiento y contención”, a escasos 500 metros del centro de Las Catitas y del bar que lo tenía como cliente en su juventud cuando “bajaba” al pueblo, recuerda un Catitero de antaño. Ya anciano, caminaba con dos bastones moviendo sus orejas, dicen, igual que un caballo.


Falleció en 1989 y está sepultado en una modesta tumba del cementerio de Las Catitas. Cuentan algunos vecinos de la zona que, en noches de luna y cerca del cementerio, el sonido del viento se asemeja a un relincho.

*El autor de esta nota es vecino de Las Catitas, Santa Rosa

(1) Comentario

  1. Walter Fredes

    Agradecimiento a todos los vecinos que contribuyeron con sus recuerdos a recrear a «Rito» Moreno, la leyenda de Las Catitas.

    Reply

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