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VIERNES: Cálido e inestable, tormentas aisladas hacia la noche, vientos moderados del noreste. Máxima: 32ºC Mínima: 14ºC

Los mundos invisibles

Los mundos invisibles

daniel fermani*Por Daniel Fermani

¿Qué es el consumismo? Lo contrario a la imaginación.

La imaginación es la capacidad del ser humano de superar su circunstancia espacial y temporal para colocarse en otros ámbitos, otras dimensiones que por intangibles no son menos contundentes ni menos convincentes. A través de la imaginación el hombre es capaz de superar la “realidad” para vincularse y existir en espacios fantásticos, agradables o monstruosos, ideales o aborrecidos, pero siempre libres de las cadenas de la materia a que nos condena un sistema inhumano de intercambio y explotación. Es necesario aclarar que la realidad, si es necesario usar este término, no es lo que se toca con las manos y el suelo sobre el que se camina, sino el mundo que crea nuestra mente para colocarnos en él y permitirnos interactuar con nuestros semejantes.

La televisión es la muerte de la imaginación. Porque enuncia y difunde conceptos tendenciosos ya construidos y los presenta como verdades; penetra en las mentes de las personas y las lleva a convicciones que únicamente responden a los intereses que en ese momento están manteniendo económicamente a esa red televisiva, a esos periodistas, a esos programas. La imaginación lucha denodadamente contra este jarabe de cicuta que vierte la pantalla televisiva en los espectadores,  pero el sistema la obliga a sucumbir tristemente, y así comprobamos que todas y cada una de las personas que tienen la televisión como referente de la realidad y la fantasía, terminan encasilladas en ideas racistas, falsamente ecológicas, de estúpida solidaridad hipócrita, de amor inexistente, de repulsión a lo verdaderamente diferente. Porque lo diferente no es un negro, un homosexual, un transgénero o un campeón olímpico en silla de ruedas. Lo diferente es una persona que piensa por sí misma, tiene sus propias ideas, y por lo tanto es libre.

La imaginación es la sangre de la libertad. Porque sólo quien es capaz de imaginar lo que no se ve, es capaz de luchar contra lo que se ve.

No solamente Miguel Ángel hizo uso de su imaginación para pintar la Capilla Sixtina. También para hacer de una habitación de cuatro paredes un lugar agradable y bello para vivir hace falta imaginación; pero no la que surge de los “consejos” de la televisión, los diarios y las revistas, que son pagados por mueblerías, decoradores, etc. etc., sino la que pone a la persona ante la posibilidad de elegir libremente según su propio gusto, su deseo. Y es el deseo la primera víctima de la muerte de la imaginación. El deseo mueve al ser humano; el deseo en todas sus manifestaciones,  la pulsión que empuja, despierta, induce, transforma y lleva a construir constantemente.  El deseo que este sistema capitalista y materialista ha transformado en necesidad de comprar, sólo en eso.

El paseo del domingo convertido en una visita a un supermercado o a un centro comercial es el síntoma más monstruoso y evidente de la muerte de la imaginación, del aplastamiento de la libertad, de la carencia absoluta de creatividad. Es el triunfo indiscutible del sistema materialista y de sus cómplices, la televisión, y en general todos los medios de comunicación masiva, que así no deberían llamarse, sino “medios de subordinación y droga masivas”.

Tener imaginación no significa, sin embargo, ser improductivo, perezoso, proclive a la desidia o vanamente contemplativo. Tener imaginación es, por el contrario, ser creativo, fuera de los moldes prefabricados, para recrear la existencia cada día y convertirla en una verdadera vida humana, esto quiere decir, para demostrarse a sí mismo que se es humano, por lo tanto se piensa y se actúa en consecuencia.

La imaginación es lo contrario a la vulgaridad. Nunca se verá a una persona imaginativa caminando por la calle y masticando chicle con la boca abierta mientras habla por celular en voz alta. Porque quien ha cultivado la imaginación visita mundos desconocidos para el común de la gente,  mundos donde todo es más bello y más gentil, donde viven personajes adorables o temibles, que siempre nos llevan a aventuras y relaciones maravillosas y llenas de misterio. Las personas que poseen imaginación la han encontrado en los buenos libros, en las buenas películas, en la música, y les molestan la vulgaridad y la violencia, porque saben que hay otra cosa. Y sonríen, sonríen siempre, mirando los paraísos que a la multitud les son negados.

La falta de imaginación hace creer que la guerra es necesaria, por lo tanto deben existir los ejércitos, las armas y el entrenamiento militar. La falta de imaginación es la que lleva en estos días a Europa a rechazar a los inmigrantes que llegan de sus propias ex colonias en busca de una vida mejor, mientras que esos mismos países europeos en los que buscan refugio son los que devastaron, empobrecieron y humillaron los países de origen de esas masas de gente desesperada. La falta de imaginación provoca fanatismos religiosos, y difunde la convicción de que hay un solo dios verdadero y es indispensable eliminar a quien crea lo contrario. La falta de imaginación afirma que una pareja de homosexuales no puede criar a un niño sano, que una mujer no puede decidir por sí misma si ser madre o no,  que una persona transgénero es inferior a los demás. La falta de imaginación es el objetivo de este sistema de lavado de cerebros, de papilla televisiva vulgar y tendenciosa, de amigos virtuales y no de carne y hueso, de mensajes de amor entre personas que no se conocen. La falta de imaginación es la muerte del alma.

Y cuando el alma haya muerto, el mundo será un gran centro comercial lleno de gente feliz, muy muy feliz,  con muchas tarjetas que deberá pagar con el tiempo de su vida. Pero quién le quitará la pantalla de plasma.

*El autor de la nota es Profesor y Licenciado en Letras, dramaturgo y novelista.

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