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“Manual Duhalde para tomar el poder tras perder elecciones”

“Manual Duhalde para tomar el poder tras perder elecciones”

El siguiente artículo fue publicado por el portal MDZ este domingo. Quien la escribe es el periodista y Director Editorial del mencionado medio, Gabriel Conte. A continuación la replicamos íntegramente: 

 

Nada es casualidad. La falta de referentes opositores coincide justamente con la instigación a micro caos que se suman a un gobierno desorientado y amenazan con hacerlo caer. No hay repudios del peronismo a los hechos de violencia que constituyen delitos. Solo se concentran en hablar del “agotamiento” antes del final de su mandato, del presidente Mauricio Macri. Un manual que es un best seller de Eduardo Duhalde, que perdió las elecciones pero terminó siendo presidente tras conseguir la renuncia de quien le había ganado y pactar con sectores poderosos.

 

Nos quedamos con la idea ochentista de que un presidente era la expresión principal de un partido político que, a la vez, representaba un núcleo de ideas básicas en torno a las cuales se solían reunir personas afines a ellas. Algunos, los más comprometidos, se volvían militantes. Aunque los más exaltados respondían al término con una actitud que confundía el origen del término: del latín “militare”, defender una idea política, al origen en “militaris”, concerniente a la guerra. Por lo tanto, se vuelven seres al servicio de quien da las órdenes en lugar de personas capaces de pensar y ayudar a pensar soluciones a los problemas de un lugar, tal el concepto primigenio de un espacio político.

 

Luego vino el concepto de “aparato”: el asunto por el que se reunían resultó ser ganar elecciones para conquistar el control del poder político y, desde allí, negociar, confrontar o sumirse a otros poderes fácticos. El concepto triunfó y ya dentro de los partidos políticos no piensan lo mismo, sino que responden a instrumentos electorales que en un momento hace que sean afines y en otros, esos mismos afines resulten feroces adversarios.

Esto hace que lo que antes era considerado “el pueblo”, se transformara en medio de una democracia activa y en formación en “ciudadanía” y ahora, muy probalemente en consumidores de política o en espectadores de la arena en donde suceden cosas de las que pocos se sienten parte. Alguna vez, inclusive, se habló de “primeras y segundas marcas” en la política argentina al alcance de un electorado que, de acuerdo a su percepción de las cosas el mismísimo día en que tiene que ir a votar.

Pero ahora, definitivamente, está claro que hay que pensar en un nuevo salto que nos hace hacer zoom ya no en “la política” sino en cada político: ¿para quién trabajan? Entendidos como lobbistas de otros sectores, podríamos concluir en que son ejecutores de proyectos ajenos y no de la sociedad, ciudadanía, sus consumidores o “el pueblo”. Un mandato no popular sino de élite. Y entonces, habría que identificar para cuál trabajan.

 

En estos días agitados por la indefinición económica del Gobierno, en donde la oposición no parece ofrecer siquiera una “segunda marca”, si hay algo que falta es grandeza política y sobran candidatos a lobbistas. No solo ni siquiera parecen conocer para beneficiar a quién trabajan sino que lo hacen para agradar a un posible futuro controlador de su imagen, acciones y grupito que pueda aportar a esta, digamos, “causa”.

 

El expresidente interino Eduardo Duhalde, ya entrado en años, es el más fiel exponente de esta nueva clasificación de algo tan viejo como las mañas de la actividad política, pero con disfraz moderno. Llegó a la presidencia por ser el senador más viejo en un Senado a cuyos integrantes la sociedad ya les había pedido “que se vayan todos”. Reunió mañosos de otras fuerzas y empujaron para que terminara antes de tiempo -sangre de por medio- el gobierno errante aunque legítimo de Fernando de la Rúa y prefirieron el caos a la grandeza. Pocos recuerdan que todo el movimiento de gente hacia los supermercados fue motorizado políticamente y que el fin era entronizar a Carlos Ruckauf, por entonces popular. Pero su propia estrategia se lo llevó puesto en un movimiento táctico para que quien asumiera la presidencia resultara el ex vicepresidente de Carlos Menem, que corporativizó a los sectores más oscuros de la provincia de Buenos Aires hasta el punto de que todavía hoy cuesta ponerla de pie. Su cría dirigencial es la que aun juega en múltiples fórmulas para diversos patrones. Pero no se sabe para quién juega él hoy.

 

Un repaso por sus declaraciones y visitas desde hace un año a esta parte dan cuenta de inquietantes contradicciones, más propias de un operador en búsqueda de quién lo opere al de un expresidente, aunque haya sido “de mentiritas” y se le perdone porque mucha gente vio licuadas sus deudas gracias a la forma en la que resolvió la convertibilidad de la moneda, herencia del gobierno del que fue parte -el de Menem- y que no había alcanzado a resolver De la Rúa, aun con medio peronismo y Domingo Cavallo en su Gabinete, en la llamada Alianza.

En diciembre, en diálogo con MDZ Radio, Duhalde dijo: “Yo quiero que este gobierno siga”. Era el día de Nochebuena y afirmó: que la sociedad y los dirigentes políticos de todos los sectores tienen que “ayudar al Gobierno, aunque no estemos de acuerdo” al mismo tiempo que consideró que la gestión de Mauricio Macri “no está en riesgo” tras los hechos de violencia ocurridos durante el tratamiento de la ley de reforma previsional en la Cámara de Diputados.

En mayo de este año habló con la radio y estuvo crítico, pero en un tono extraño: estético y demoledor: “Está envejeciendo rápidamente, cada vez se parece más al padre. Hay personas que gozan el poder como Menem, que se veía siempre impecable. Otros lo sufren y se angustian y tienen que tomar medicamentos para superar el estrés”.

También en mayo considero “tontos” a los que comparan a Macri con De la Rúa, cosa que -como veremos- contradijo recientemente, tras “bendecir” a Juan Manuel Urtubey viajando a Salta con su esposa Chiche González. “Es difícil comparar una época con la otra, es muy difícil”, continuó, y agregó que aquellos que visualizan una salida de Macri similar a la de De la Rúa son “tontos”. “Siempre hay tontos. Lo que necesitamos es que el gobierno termine lo mejor posible. Si no podemos ayudar, mejor callarnos la boca”, manifestó.

 

En junio, Duhalde fue duro con su partido, aparentemente, en la búsqueda todavía de a quién servir: “Si el PJ no le puede ganar a CFK, no le puede ganar a Macri”.

Recientemente, al ser consultado sobre los cuadernos de la corrupción del chofer Centeno, consideró que los políticos “estamos aburriendo con estos temas. Está todo probado y esto es sólo un espectáculo. Se están entreteniendo quienes tienen que pensar en cómo vamos a salir. Gobernar es priorizar y acá estamos con locuras como el tema del aborto. A qué país en crisis se le ocurre discutir sobre eso”.

 

Pero ahora, coincidentemente con movimientos como los que lo llevaron a él a ser Presidente aun habiendo perdido la elección y en momentos en el que su partido no da pie con bola, nuevamente las opciones que ofrece pertenecen al ámbito del pasado. “Estamos a un paso del que se vayan todos”, acaba de declarar en un momento en el que mejor sería que los dirigentes y empresarios que aun están en libertad estudien cómo sacar el país hacia adelante en lugar de poner reversa.

Lejos de sus elogios y deseos de no hace más que un puñado de meses, esta vez el expresidente interino remató: “Mauricio Macri no tiene las condiciones para ser presidente” y sostuvo que “lo deseable sería que termine su mandato porque la oposición todavía está desorganizada”.

Un empujón, más que una ayuda a tomar envión.

 

 

*Por Gabriel Conte, Director Editorial de MDZ.

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