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Murió Óscar “Picho” Molina, el que anuló al “Búfalo” Funes y regó con sudor y sangre la camiseta de Palmira

Murió Óscar “Picho” Molina, el que anuló al “Búfalo” Funes y regó con sudor y sangre la camiseta de Palmira

El último sábado se conoció el fallecimiento de Oscar César Molina, conocido como el Picho. Trascendió por su don de buena gente pero también como jugador. Durante su trayectoria, regó con sudor y sangre la camiseta de Palmira, en un acto de amor sin par. Anuló al mismísimo Búfalo Funes, en un recordado partido.

Fueron años flacos  como en la mayoría de su historia, los que debió sortear –junto a tantos jugadores- Óscar Molina. Luego de formarse en las divisiones inferiores de Palmira, debutó en primera división a principios de los años 80 y su paso dejó huellas.

Provenía de un lugar bien ferroviario, como la Colonia Tracción y se fue formando en emblemáticos potreros como los de Las Casillas, Villa Nueva, barrio Don Bosco y los de la vieja calle Las Palmas (hoy Julio Le Parc).

Y como sucedió toda la vida, en Palmira nadie podía vivir del fútbol, así es que el Picho, de adolescente alternó en distintos trabajos y tuvo su paso por la escuela Técnica antes de ingresar al Ferrocarril.

Como marcador lateral izquierdo, una de sus actuaciones más destacadas fue en el Apertura de 1984,  cuando Palmira recibió al Gimnasia campeón dirigido por el mítico Víctor Legrotaglie, que traía destacados jugadores como Norberto Meca, Ángel Mauricio Badía, Sergio Apolo Robles, entre otros. Pero también una figura rutilante, el puntano Juan Gilberto Funes, quien luego fuese vendido a Colombia y después saliera campeón mundial con Ríver.

Palmira –que llevó una gran cantidad de público esa tarde- le iba a ofrecer su tradicional lucha, con un grupo de jugadores identificados con la institución: Daniel Arias, Oso Pereyra, Miguel Villegas, Nicolás Matricardi y Jorge Allub. Y Juan Carlos «Loro» Allende, el técnico le dio la orden al Picho, por ser el más alto y tener buen cabezazo, marcar a Funes, que era un delantero temible. La apuesta era difícil.

El Lobo, durante el inicio, sometió a Palmira en un dominio territorial y de pelota. Era un equipo de riqueza técnica y exquisitos jugadores. Y el Lobo, esa tarde llenó de centros el área de Palmira, dirigidos a la cabeza de Funes. Pero concentrado, y sin darle un centímetro, el Picho empezó a ganarle el duelo personal. O se anticipaba o lo había cabecear incómodo, anulando así al delantero.

Antes que terminara el primer tiempo, sucedió lo inesperado: en un centro en el que Molina y Funes saltaron a cabecear,  el Bufalo descargó su impotencia aplicando un terrible codazo que asestó en el rostro de Molina. Y esa tarde, su camiseta amarilla y negra con el número 3, se fusionó con el color rojo de la sangre, el precio que pagó el Picho por tanta entrega.

Atendido en el banco, la hemorragia no se detenía pero el león herido quería seguir jugando, en un derroche de coraje y de amor a la camiseta jarillera. Fue reemplazado por Joselo Salinas, y el herido debió ser trasladado a un centro médico, donde se le diagnosticó fractura de tabique. De modo insólito, el árbitro Luis Salvi hizo la “vista gorda” y no sancionó al agresor.

El equipo de Palmira que enfrentó al laureado Gimnasia del Búfalo Funes (foto Jorge Allub)

Este y otros fallos polémicos de aquella tarde, motivaron más al plantel jarillero y y con el partido finalizado a favor de Palmira (ganó 3 a 0) dicen que Molina alcanzó a llegar al festejo en el camarín, y con parte del rostro vendado,  sus compañeros le dedicaron el triunfo, hecho que emocionó hasta las lágrimas al querido Picho.

Fue una tarde de gloria, inolvidable e indescriptible, por el contexto y la envergadura del rival. Por eso quienes concurrimos a ese partido, nos emociona el recuerdo.

“Un excelente tipo”

 Jorge Allub, que compartió varios años de vestuario con él, dijo que su partida es “una gran pena para la familia Jarillera. Porque era de esas personas identificadas con el Club donde jugó -junto con su hermano Hugo- desde las inferiores hasta la primera”.

“Al Picho lo recordaremos como un excelente tipo, sencillo, gran compañero, callado en el vestuario pero que demostraba toda su carácter cuando la pelota echaba a rodar. Bastaba que le pusieran la aurinegra y se acababan las lesiones y el cansancio”, aseguró.

Y al definirlo como jugador, Allub expresó que “podía jugar en cualquier puesto de la defensa. Formó parte de un grupo de jugadores de la casa que amamos los colores de Palmira”.

El homenaje del Club Atlético Palmira hacia su jugador.

Vida familiar

Estaba casado con Nely Sánchez, y tenía tres hijas: Viviana, Ivana y Celeste.  Era jubilado ferroviario. Y desde hace varios años, con el mismo coraje que tenía como jugador, decidió enfrentarse a una dura enfermedad. Su hermano Hugo, también se destacó como jugador de Palmira.

Su prima María Claudia Peralta, así lo despidió: “Duele el alma hasta lo más profundo. Te fuiste calladito, pero estoy segura de que luchando para salir adelante como lo hiciste siempre… sólo que hoy el premio a esta lucha es el cielo!”

Picho Molina, en una imagen reciente

En 2013, refiriéndose a la enfermedad que le tocaba enfrentar, Molina dijo: “Si lo detectan a tiempo hay oportunidad y si no (hay que) acompañarlo hasta el último momento, yo lo veo de esa forma”.

El sábado 25 de Julio, Día del Santo Patrono Santiago,  se conoció la noticia de su deceso.

(Jorge R. Barrionuevo)

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