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Perfumo, tan grande que se volvió literatura

Perfumo, tan grande que se volvió literatura

 

Roberto Perfumo siempre supo que iba a ser futbolista, pero nunca pensó que iba a hacer literatura.

 

«Iba a ganarles por cansancio», imaginaba una y otra vez cuando era un pibito que pateaba pelotas en Sarandí, sin saber que algún día otros pibitos en otros potreros iban a jugar pensando en él sin saber quién era. Se le ocurría en los sueños la chance de jugar un Mundial, como le pasó en 1966 o en 1974. Le aparecía la idea factible de que la ilusión lo llevara a ser campeón del mundo jugando para Racing, donde le encantaba jugar porque le quedaba a quince cuadras de la casa. Pero no: no pensaba que iba a hacer literatura. No imaginaba, aunque llevaba ese registro con alegría, que en todo el país, en cada canchita, habría miles como él que jugarían de defensores y por talento y por tesón serían llamados Mariscal.

 

Mariscal: es decir, hombre capaz de defender el campo propio como nadie.

 

Perfumo entendió de pibe lo que quería ser: «Se nos daba de chicos por el fútbol porque era un barrio futbolero. Pero también era humilde y el fútbol daba la posibilidad de trascender, de dar el salto hacia otra vida». Él quería eso: vivir de eso, disfrutar eso. Lo tenía decidido y, por eso, fue un día a probarse a Lanús, pero no entró. Los granates, con el tiempo, como los riverplatenses con Lionel Messi, lamentaron aquel error. Aunque no fueron los únicos. Fue también a Independiente, pero tampoco entró. Curiosa historia porque si algo les duele a los hinchas del rojo es que Racing salió campeón del mundo antes que ellos, algo que pasó en 1967, contra Celtic, en el mítico equipo de Juan José Pizutti, con el Mariscal de titular. Pero las convicciones son sinónimo de valentía y Perfumo era más que valiente.

 

Ernesto Duchini, un mítico entrenador de jugadores juveniles, lo llevó a jugar a River, pero al Mariscal no le tocó entrar en ni un solo partido. Entrenaba sin parar, no faltaba nunca, pero no lo ponían. «Trascender», esa era la palabra que, con los años, cuando se volvió periodista y comentarista y analista del juego, encontró para entender por qué seguía: la idea de salir económicamente de la humildad de Sarandí lo empujaba. El azar, que durante mucho tiempo lo había traicionado, hizo que Duchini se fuera a trabajar a las inferiores. Ahí lo llevó: ahí hizo literatura. Ahí debutó en 1961.

 

Porque Perfumo no sólo construyó un enorme apodo que miles de chicos se repiten sin saber que vino desde él. Perfumo hizo literatura porque permitió que la relación entre abuelos y chicos modernos tuviera un rato de ternura infinita cada vez que un niño preguntaba sobre los jugadores de antes y un generoso contador decía: «No sabés lo que era Perfumo. Te mataba. Era único». No importaba de qué club fuera. Si era de Racing, de River o de Cruzeiro, los tres clubes donde jugó. Te mataba era la palabra continúa, aunque siempre tenía un asterisco: nunca lo expulsaban. Alfio Basile, compañero de zaga del Mariscal en aquel Racing campeón de la Libertadores y de la Intercontinental, el máximo logro del club celeste y blanco a nivel deportivo, contaba siempre la misma historia: «Al que echaban era a mí. Pero Roberto pegaba un montón. El tema es que tenía esa carita de ángel que iba y le pedía disculpas a los árbitros y lo perdonaban. A mí, por lo mismo, me expulsaban». El mito de sus patadas era tan pero tan grande que años más tarde, cuando fue a jugar a River -donde estuvo de 1975 a 1978, año en que se retiró, ganando tres títulos locales-, en un partido contra Racing, Reinaldo Merlo, antes de arrancar, le manifestó que estaba feliz de tenerlo de su lado, sobre todo, para no tenerlo enfrente y no tener que sufrir las patadas.

 

Todo literatura. Literatura en serio: de la que se escribe sobre cosas tan reales que ni la literatura alcanza para describirlas. Literatura armada desde la genialidad de un defensor que construyó leyendas en el boca en boca. Leyendas que quedarán para siempre porque el Mariscal seguirá en los recuerdos de cada abuelo que cuente que hubo un tipo que era capaz de marcar él sólo a dos delanteros. Leyendas que serán apodos y más apodos y sueños de trascender cuando a un nene o a una nena, en el potrero que sea, traben una pelota, hagan un quite y, desde afuera, alguien le grite: «Grande Mariscal».

 

(Ezequiel Scher, Goal.com)

(1) Comentario

  1. gustavo enrique capone

    Roberto Perfumo…..empecé a ver ver fútbol (allá lejos y hace tiempo), pero mucho antes leía El Gráfico, Goles y Sport en la peluquería de Casanova, pegada al negocio del viejo en la Terminal de Micros de Rivadavia, desde aquellos tiempos Perfumo era una referencia futbolera. Aclaro que era una referencia futbolera porque mis tías hablaban de Roberto por su pinta y no entendían ni JOTA de fútbol.
    Lo cierto es que lo recuerdo junto a Marzolini, Rattín, Onega en aquel Mundial ’66, Junto a Cejas, Basile, Chabay, Martín, Panadero Díaz, Mori, Rulli, Torito Raffo, Rodriguez, Cardenas,en aquellos campeones del mundo del ’67 con la Academia.El equpo de José. La frustración del ’70 y la copa mundial del ’74 en Alemania junto a Carnevalli, Quique Wolf, Heredia, Sá, Brindisi, Babington, Ayala, y los jóvenes Kempes y Houseman. Y después si….el gran mariscal cuando de tras 18 años nos dio el título esperado. Fillol, Comelles, EL, Pasarella y H.Lopéz. JJ, Raimondo (también Merlo) y Alonso. Pedro Gonzalez, Morette y Más. Era el equipo del Feo Labruna, pero el capitán era el Facha Perfumo (ojo, para mis tias). Un abrazo de gol mariscal, Un señor.

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