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Por una aplastante mayoría, Irlanda le dice sí al aborto

El 66% de los irlandeses vota a favor de reformar la Constitución para permitir la interrupción del embarazo.

 

Irlanda ha aprobado legalizar el aborto por una aplastante mayoría. El 66,4% de los irlandeses votó a favor en el referéndum del viernes de reformar uno de los regímenes más restrictivos del mundo en materia de interrupción del embarazo, según los resultados hechos públicos a las 18.20 de este sábado, hora local (una hora más en la España peninsular). Un 33,6% votó por el no.

La contundencia del resultado, superior al esperado, supone una victoria de la Irlanda joven y cosmopolita, ansiosa por romper con un pasado oscuro, que hoy ha tomado definitivamente las riendas del país. La victoria representa un nuevo hito para el feminismo global, cuyos miles de ojos estaban puestos desde hace días en este país de apenas 4,7 millones de habitantes, en busca de nuevo aliento para una ola que se antoja imparable. Y entraña, por último, una aparatosa derrota de las poderosas fuerzas ultraconservadoras globales que había volcado sus recursos en defender el último bastión del catolicismo más reaccionario, que hoy ha sido tomado por las hordas modernizadoras del cambio.

De la magnitud de la victoria ofrecieron ya pistas los dos sondeos a pie de urna, publicados tras el cierre de los colegios electorales, el viernes a las 22.00, que dieron al sí victorias del 68%, en un caso, y 69,4% en el otro. “Lo que hemos visto es la culminación de una revolución silenciosa que ha estado teniendo lugar en Irlanda durante los últimos 20 años”, ha dicho este sábado por la tarde, sin esperar al recuento, el primer ministro, Leo Varadkar. “El pueblo ha hablado. Ha dicho que necesitamos una Constitución moderna para un país moderno”

 

Varadkar, que apoyó el sí como el resto de líderes de los partidos con representación parlamentaria, ha confiado en que la nueva legislación sobre el aborto esté aprobada antes del final del año. Los votantes se pronunciaban sobre si se retira o no la Octava Enmienda, añadida en la Constitución de la República de Irlanda tras un referéndum en 1983, que equipara el derecho a la vida de una mujer embarazada con el de su feto. Esa es la base de una prohibición casi total del aborto, incluso en casos de violación, incesto, anomalía fetal o riesgo a la salud de la madre, matizada por una ley de 2014 que, tras el escándalo por la muerte por septicemia de una mujer a la que se le negó un aborto, añade una excepción para casos de riesgo de muerte de la madre.

 

Se trata de una mayoría sustancialmente más amplia que la que apoyó en la consulta de 2015 el matrimonio entre personas del mismo sexo (62%), y mayor también que la que, en 1983, permitió la introducción de la Octava Enmienda a la Constitución (67%), que sirve de base para la prohibición casi total del aborto que este viernes los ciudadanos han rechazado con sus votos.

El sí ha ganado incluso en la Irlanda rural. La imagen de un país partido en dos, el de los jóvenes urbanitas y el envejecido y conservador territorio rural, va camino de desvanecerse, remplazada por la de un país que se aleja sin apenas fisuras de un pasado oscuro.

La alta participación y la llegada masiva de los jóvenes residentes en el extranjero que, dada la imposibilidad del sufragio por correo, han vuelto a casa para votar, se cuentan entre los factores que pueden haber contribuido a la aplastante victoria del sí. También la propia demografía: miles de jóvenes que no pudieron votar en 2015 han alcanzado en estos dos años la mayoría de edad. Los números ya salen y la nueva Irlanda está aquí para quedarse.

En las urnas, abiertas entre las 7.00 de la mañana y las 22.00 de la noche, terminó el viernes una polarizadora y emocionante campaña electoral que ha sacado a la calle el conflicto latente en Irlanda entre un conservadurismo social, construido durante décadas por una Iglesia Católica que se resigna a su pérdida de influencia; y una juventud cosmopolita y viajera que rechaza el modelo de sociedad en el que ha crecido. Hoy el estigma ha caído y la conversación es imposible ya de acallar.

La victoria el sí autoriza al Parlamento a legislar para regular la interrupción del embarazo, a partir de un proyecto de ley propuesto por el Gobierno, que contempla el aborto legal para todas las mujeres en las primeras 12 semanas de gestación. Después, hasta las 24 semanas, las mujeres embarazadas estarían autorizadas a abortar si su vida o su salud estuvieran en riesgo (algo que deberían acordar dos médicos) y si el feto no pudiera sobrevivir fuera del cuerpo de la madre.

El sí ha centrado su campaña en que el aborto es una realidad en Irlanda y la estricta regulación exporta de manera hipócrita el problema, a costa del sufrimiento de las mujeres. Cada año, cerca de 3.500 mujeres viajan al extranjero a abortar y 2.000 más adquieren ilegalmente píldoras abortivas en Internet, arriesgándose a penas de cárcel. La campaña del no ha defendido que la propuesta del Gobierno va demasiado lejos y oculta un “aborto a demanda”, a pesar de que el proyecto de ley equipararía la normativa irlandesa con las de los principales países europeos.

 

(El País.com)

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