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“Recuerdo de Miriam Di Geronimo” por Daniel Fermani

“Recuerdo de Miriam Di Geronimo” por Daniel Fermani

Intelectual y creadora mendocina.

 

Hace pocos días Mendoza y el mundo perdieron a una persona que sufrió tres grandes calamidades imperdonables: era talentosa, era hermosa y era mujer. Tres condiciones que la emplazaron egregiamente en la dimensión de los creadores, los pensadores, los educadores más sublimes, y que fueron muy difíciles de perdonar por parte de la gris burocracia y sus sicarios, aquéllos que pretenden que las mentes luminosas callen para que no se note su propia mediocridad.

Pero en el caso de Miriam Di Geronimo nadie pudo silenciar una voz que se expresó brillantemente en las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, desde donde su libro de doctorado, “Escribir por nockout” aportó una nueva y profunda mirada a la interpretación y a los estudios sobre Julio Cortázar. Sin contar sus trabajos sobre Jorge Luis Borges, acerca de quien fue experta y del cual podía dar clases magistrales, con su estilo fresco y seguro, con su palabra sagaz y precisa.

Sin embargo, su enorme capacidad intelectual y su inacabable creatividad se encauzaron en los últimos años en la empresa más activa, tal vez la menos intelectual pero sí la de mayor envergadura social, revolucionaria y de lucha que hubo encarado: la creación en Argentina de la cadena de libros “Basta”, la minificción contra la violencia de género, que en un principio convocó a mujeres, y después también a los hombres que quisimos tomar la palabra en esta cruzada contemporánea y de todos los tiempos. Para hablar, una vez más, de esta labor ya innumerable, con mano firme y voz clara, Miriam sacó fuerzas de flaqueza, y el pasado noviembre coordinó y participó activamente en el Simposio sobre Violencia en América Latina, que se hizo en la Facultad de Filosofía y Letras en el marco del Congreso Internacional Nuevos Horizontes. Allí tuvimos el regalo de escucharla por última vez en público, en el ámbito en el que había enseñado tres décadas y del que se había ausentado sin quererlo, agotada por la enfermedad.

Poco antes, también en un esfuerzo descomunal que atestigua su espléndida magnificencia y cariño, presentó junto a la colega y amiga Cristina Silventi el último libro de poemas de quien escribe, “Escuela de la noche”, en el Centro Cultural Julio Le Parc. Huelga decir que sus palabras conmovieron y su lectura fue estremecedora, salida de un alma sufriente pero llena de valor y amor por la vida.

Mendoza puede ser un puesto de mulas en muchos sentidos, pero en algunos momentos es un faro incandescente de saber y arte. Mas ese faro es alimentado por personalidades robustas, preparadas, de altísima estatura intelectual y de desbordante creatividad. Este ha sido el caso de Miriam Di Geronimo, que elevó a su máxima expresión el nivel de la carrera de Letras y de la entera Universidad Nacional de Cuyo con su labor brillante, que no se limitó a las aulas sino que abarcó Mendoza, todo el país, y desbordó en Chile, donde están por publicarse sus últimos hermosos microrrelatos.

Su tarea dio voz a todas las mujeres silenciadas y escondidas en la penumbra de un injusto anonimato, a veces golpeadas, física o moralmente, a veces marginadas, siempre con algo para decir, denunciar, gritar.

Los amigos que tuvimos la suerte de conocer su mente iluminada y su corazón generoso sabemos muy bien de qué tipo de ser humano hablamos, por eso también comprendemos que no tenerla es una pérdida para todos, para cada uno de nosotros, pero también para la cultura argentina, que sin duda seguirá alimentándose de su trabajo y seguirá transitando los caminos que ella abrió con su lucha y su convicción.

Entonces no la hemos perdido, todos ganamos con su presencia y su amistad invalorable. Y ahora nos nutrimos con su herencia duradera y con su ejemplo. En ciertos casos, como el de Miriam Di Geronimo, la muerte no existe.

 

*El autor de la nota es Profesor y Licenciado en Letras, dramaturgo y novelista.

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