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Rivadavia: Tonino Arce, el artesano del fútbol que sueña con hacer una pelota para no videntes y donársela a Los Murciélagos

Rivadavia: Tonino Arce, el artesano del fútbol que sueña con hacer una pelota para no videntes y donársela a Los Murciélagos
Tonino Arce, un rivadaviense por adopción, es un artesano que aún fabrica fútbol de cuero. Tuvo una vida repleta de dificultades que fue superando, con enorme voluntad. Hoy sueña con fabricar una pelota que tenga sonido, destinada a no videntes, y que los afamados Murciélagos puedan jugar con ella.
De la sensibilidad de su corazón y sus manos nacen las pelotas que harán felices a niños y grandes
 
            “Con cinco medias hicimos la pelota y aquella siesta perdimos por un gol…”, canta el Sabalero, José Carbajal, en su canción Chiquillada, como forma de resistirse a entregarse a no jugar al fútbol por no tener la pelota correspondiente.
            Sensación que de niño vivió Francisco Saturnino Arce, el Tonino, cuando con el equipo de la Calle Arrascaeta, en Junín, se batían a duelo con los cuadros de las demás arterias vecinas. Pues bien, si no se podía comprar, había que hacerla con sus propias manos.
            Así comienza la historia del artesano enfundado en un tipo creyente, solidario y sensible al máximo.
            “Yo sabía coser y emparchar fútbol, lo que me sumaba unas chirolas al sueldo ya que trabajaba en la Municipalidad de Junín. El 18 de julio de 1977 me enfermé de hepatitis virósica, y al tener la obra social cortada, tuve que rebuscármela para poder adquirir los medicamentos. Me compré cuero de perchero e hice una pelota, con “cascos banana”, no me salió buena, quedó algo ovalada, pero la guardé de recuerdo porque era la primera. Para el día que me muera, quiero que la pongan en el cajón, me la quiero llevar…”, comienza su relato mientras sus ojos se humedecen.
Tonino Arce, el artesano del fútbol
            “Después mi esposa me hizo los moldes de los cascos hexágonos y pentágonos y la cosa mejoró. Me costó mucho, pero salió. Y  me salvó económicamente. Por lo menos. tenía los remedios asegurados, aún al día de hoy..!, remarcó.
 
A los ponchazos
            Así, como aquel equipo que no puede torcer el destino del partido y se larga a los ponchazos contra el arco rival, fue como aprendió el oficio.
            Visitó a los reconocidos talabarteros de la región y estos se negaron rotundamente a enseñarle, por lo con su férrea voluntad, y con el método de prueba y error, se largó solo a la tarea. Y lo logró, como todo aquel que jamás renuncia a un sueño.
            Con el tiempo sus pelotas han llegado a España, Chile y Estados Unidos.
 
Compre en Rivadavia
            Si bien nació en Junín  y está próximo a cumplir los 75 años,  ya supero los 40 de oficio. Desde los 26 se fue a vivir a Rivadavia.
            Allí la venta se incrementó. Para los meses de agosto, cuando es la independencia de Bolivia, solía vender mucho a esa colectividad, como también para el día del niño o de reyes.
            Pero hubo un hecho que recuerda con mayor emoción y del que está profundamente agradecido.
            Bajo la intendencia de Pipo Arboit (1983-1987), en Rivadavia, éste reunió a la comisión directiva del Centro Deportivo Rivadavia y les dijo que había que ser local, que todo lo que pudieran lo compraran en el departamento. Así Tonino tuvo que proveer de los balones a la institución.
            Todos los lunes les tenía que entregar uno nuevo para estrenar al domingo siguiente. En total, fueron 50. Durante dos meses no hizo otra cosa que hacer pelotas.
 
            Y mientras nos muestra sus herramientas de trabajo y sus ojos dejan caer la emoción en redondas pelotas cristalinas, nos confiesa que hoy es una terapia que le ayuda al bolsillo y no lo deja para no perder movilidad en los dedos y mantenerse activo.
            Mientras, sueña con inventar un balón que tenga mayor sonido para los chicos no videntes y, si lo logra, quiere donársela a Los Murciélagos.
            “Yo sé lo que es no tener una pelota para jugar, y el Señor dice que tenés que dar lo que te cuesta y no lo que te sobra”, remata este hincha de Independiente de Avellaneda y el Centro Deportivo Rivadavia. Y la clava en el ángulo de la insensibilidad actual.
 
Por Roberto Mercado

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