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San Martín y el Cruce de Los Andes: el arte de lo necesario (Primera Parte)

San Martín y el Cruce de Los Andes: el arte de lo necesario (Primera Parte)

 

Gustavo Capone bb

Gustavo Capone, autor de esta nota,  es historiador y docente . Recientemente fue designado como director de Educación Superior de la provincia de Mendoza, y trabaja en la órbita de la Dirección General de Escuelas. Capone, quien es habitual colaborador de Tiempo del Este, se ha desempeñado como director de Cultura de la municipalidad de Rivadavia y tiene numerosos trabajos que, desde la investigación y el revisionismo, ha servido de base de sustentación para el debate o la profundización de los mismos. Ahora aborda el Cruce de Los Andes, a casi dos siglos de aquella epopeya por parte del Ejercito Libertador.

 

 

 

San Martín y el Cruce de Los Andes: el arte de lo necesario

El siglo XIX estaba cursando sus primeros años. Desde entonces, y con anteriores excepciones aisladas, las colonias americanas habían iniciado un revolucionario tiempo de emancipación.
Tal coyuntura hizo que la primera década del siglo XIX fuera testigo de la constante tensión entre los anhelos americanos por generar procesos independentistas y la respuesta española por conservar lo que consideraba sus dominios. Y así como mayo de 1810 fue una bisagra en el Río de la Plata ante la conformación de la Primera Junta de Gobierno, el inmediato derrotero revolucionario ofrecerá innumerable cantidad de aristas.

 

Retrato de Fernando VII con uniforme de capitán general, por Vicente López Portaña

Lo cierto es, en una enorme síntesis, que en el marco de dicho proceso revolucionario hacia 1817, el rey Fernando VII ya se había restablecido en el gobierno español. Se había formalizado la restauradora «Santa Alianza» de tronos europeos. (Retrato de Fernando VII con uniforme de capitán general, por Vicente López Portaña)

 

 

 

Se habían afianzados los portugueses en Brasil. Estaban derrotadas las insurrecciones americanistas en México, Cartagena, Bogotá, Venezuela y Nueva Granada y se había consolidado la elite aristocrática españolista en Lima. Todo ese trágico escenario, hacía de Buenos Aires la única ciudad capital de América que resista al absolutismo, y vale recordarlo también: no todo el sector dirigente de Buenos Aires estaba convencido sobre las posibilidades del plan sanmartiniano, lo que debilitaba aún más la situación.
Así pues, en el medio tal gris panorama, se erige la Provincia de Mendoza y la acción sanmartiniana como la última opción para concretar la anhelada emancipación de América.

 

UN PUEBLO, UN PROYECTO, UN LIDERAZGO.
LA CONVICCIÓN DE LO CONVENIENTE.

Indudablemente la expresión: “Somos lo que hacemos”, tiene en el General José de San Martín un cabal representante de aquellos hombres y mujeres que conjugan su tenaz convicción por llevar a buen puerto sus ideas, con la capacidad operativa de obtener respuestas y resultados favorables.
El Cruce de Los Andes y todo lo que implicó la gesta sanmartiniana es un fiel reflejo de ello.
También debemos ser conscientes que circunscribirlo solamente a una gesta épica, desarrollada por la acción brillante de un hombre iluminado, donde se describe el heroico camino recorrido es minimizar rotundamente el hecho.
La conmemoración histórica hace referencia a la tarde – noche del 18 y todo el 19 de enero como la fecha de comienzo de la expedición, pues son los días en que la división principal del ejército, fraccionada en tres escalones bajo las órdenes de Soler, O’Higgins y San Martín parte del Plumerillo.

Cruce de Los Andes CRUCE DE LOS ANDES. Instituto Nacional Manuel Dorrego

Y para poner en valor y contexto el comienzo de la marcha, sostendremos que ya días antes, expediciones menores habían iniciado el camino a Chile, completando el desplazamiento de casi 5.000 soldados y 1.200 milicianos como tropas de auxilio para la conducción de víveres y municiones. Todo en un amplio teatro de operaciones, desplegados en una franja de más de 800 kilometras de ancho de frente de guerra, desde La Rioja hasta casi el límite mendocino con Neuquén, con el objetivo de distraer a las fuerzas enemigas y provocar movimientos favorables a la Revolución, dispersando las tropas españolas abocadas a la defensa de Santiago de Chile.

EL CRUCE DE LOS ANDES.
MANIFESTACIÓN CULTURAL DE CUYO

“Para la inmensa mayoría de los que estudian y enseñan historia argentina, el Paso de los Andes es un hecho de gran realce, una empresa difícil, penosa y peligrosa, pero están muy lejos de imaginar lo arduo y sobrehumano que fue aquel cruce, único en los anales de la historia nacional y universal.
Si exceptuamos a los cuyanos que contemplan, día tras día, ese imponente muro de proporciones gigantescas, y oyen las infinitas peripecias y mortales accidentes que allí tienen lugar, bien pocos han de ser los argentinos que tengan una idea, ni siquiera aproximada de lo que debió costar a San Martín cruzar la Cordillera”.

Pedro Maggi. Oleo. Cruce de los Andes. En Instituto Nacional Sanmartiniano – Bs. As.CRUCE DE LOS ANDES. Oleo Pedro Maggi

El viaje actual, ya sea en automóvil u ómnibus de pasajeros, y ni hablar en avión, sólo muy ligeramente capacita para que pueda uno formarse alguna idea de lo que, otrora, significó cruzar aquel compacto aglomerado de gigantescos montes. Tengamos en cuenta además que desde el llano mendocino hasta la capital chilena el relieve ofrece tres grandes bloques montañosos por sortear, no uno: precordillera, cordillera frontal y cordillera principal o de las altas cumbres. Pero para comprenderlo, con mayor aproximación a la realidad histórica, es menester eliminar, mentalmente, la amplia carretera que hoy existe; es menester suprimir la mayoría de los puentes, y es menester prescindir del túnel, de que se valen los autos, acortando distancias y evitando terribles ascensos y descensos.

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En 1817 nada de eso había. La carretera no era tal; sólo era un camino, de treinta a cincuenta centímetros de anchura, desigual y pedregoso. Camino de mulas en el que había que viajar con la lentitud propia de estos animales. Uno tras otro. Además cada soldado llevaría un sobrepeso de 13 kilogramos en su mochila, tirando de la rienda a un caballo o una mula. Con temperaturas que oscilaban entre 40° C al sol de la siesta y – 10° C en la noche. En cuestas que llegaban a los 4.000 metros de altura. Recorriendo 28 Km. diarios. Con brutal apunamiento y alteraciones del sistema cardiovascular y respiratorio que llevaban hasta la pérdida de nociones básicas.

Con un régimen de alimentación e hidratación rigurosamente preestablecido (tanto para el soldado como para los animales). Con el stress lógico de saber que se enfrentaban a un ejército profesional que los doblaba en número y con la terrible angustia, que atrás quedaban madres, esposas e hijos que probablemente jamás se volverían a reencontrar.

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Es posible que algún estudioso, al referirse al paso de los Andes no peque de esa simplificación mental, ni de cierta ceguera, cuando contextualiza el hecho histórico, pero la inmensa mayoría de quienes no han pasado la Cordillera o, al menos no han visto una montaña de cerca, corren el riesgo de no percibir lo trascendente del fenómeno. Fenómeno que fue pensado minuciosamente desde Mendoza por San Martín y su equipo durante casi 3 años y permitió libertar medio continente. Era necesario. Y pudieron. Fue Mendoza “la que acunó la libertad”.

Lámina de portada: revista Anteojito

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