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Santa Rosa: Vivir sembrando amor…el adiós físico a Romina Yllanes

Santa Rosa: Vivir sembrando amor…el adiós físico a Romina Yllanes

“Estábamos, estamos, estaremos juntos. A pedazos, a ratos, a párpados a sueños”.

(Mario Benedetti)

Santa Rosa es un departamento  que se hace pequeño ante el cariño de su gente, más aun, cuando toca despedir a una persona que cosecha, con el pasar de los días, muestras de respeto y afecto que se extienden por todos los medios.

Juan Ramón Yllanes y María Elizabeth Acen, formaron hace casi treinta años una familia de la que nacieron dos hijos: Juan (26) y Romina (22), todos residentes del departamento del este de la provincia.

Romina Gisel  Yllanes Acen, era una de esas  jóvenes arraigadas a las sanas costumbres de Santa Rosa, como compartir con familiares y amigos cualquier fecha, que al estar juntos, se haría especial; las tradiciones del trabajo, la humildad, y el carisma que ilumina su hogar y, el de tantos, quienes la recordaran con una sonrisa permanente, su solidaridad para con los demás y la tierna picardía de sus actos.

“Compañera, fiel amiga, mi guía aun cuando yo soy mayor…era mi todo…Súper madura para su edad, era muy particular, muy querida por toda la familia. Lo hablo y se siente, que dónde ella pasaba dejaba su huella, nunca pasaba desapercibida. Su sonrisa es imborrable”, dijo acerca de ella, Juan Yllanes, su hermano y compañero de vida, en una definición que la describe un poco en su esencia.

Romina cursó estudios primarios en la escuela Amador Rodríguez, de Catitas viejas, el secundario la hizo en la escuela Croce, de la Villa Cabecera y cursaba el último año para obtener su título de Técnica para Laboratorio en el Instituto San Agustín, de la ciudad de Mendoza, donde viajaba semanalmente, para no desprenderse de los afectos.

Sus maestras de primaria la consideraban buena alumna y responsable en todos los emprendimientos; ellas también concurrieron a darle el último adiós, la semana pasada, luego del accidente que le arrebató la vida, ocurrido en Alto Verde el pasado 4 de abril.

Joven, emprendedora y  carismática, habituada a las labores culturales de toda finca, también dedicaba sus tiempos libres no solo a la familia, sino a realizar trabajos para solventarse sus estudios y sus propios gastos, a sabiendas del esfuerzo y sacrificio que implica tratar de llevar adelante una carrera de nivel Superior.

Risas en la cosecha

Romina trabajó hasta el martes 3 de abril por la mañana, y su hermano recuerda el día antes, dos de abril, cuando junto a sus padres y  sus tíos Carlos Campos y Clarisa Yllanes, cosecharon en medio de un clima de sonrisas y buena predisposición. “Ellos llegaron en la tarde y yo no daba más porque estaba cansado y hasta mi hermana me tuvo que reemplazar tachando”.

“Me viene a la mente esa tarde en un recuerdo de ella, haciendo lo que nos gustaba, en familia, cosechando y riéndonos juntos”, agrega Juan.

 

Ella cosechó por última vez el martes en un cuartel de la finca junto a sus compañeros de hilera, la número 8; El pasado domingo, en ese espacio de la finca Galán, Romina fue homenajeada con música y canciones interpretadas por una banda, entre los que se encontraban amigos como Aldana, Uriel, Ariel, Fernando, Gabriela, Elías y Georgina.

Multitudinaria concurrencia

La multitudinaria concurrencia que asistió al sepelio de  Romina, es una de las más masivas que se recuerdan en Santa Rosa. “Familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo y de la vida misma, se hicieron presentes, porque mi hermana les ha dejado su huellita, su pequeño grano de arena y esas ganas de vivir inmensas  que la caracterizaban. Nosotros somos unidos y en estos casos es dónde uno se da cuenta que la familia y la persona que estamos despidiendo, es muy querida, simple…era ella, única”.

“Cusy” para su entorno familiar, no era muy amante del fútbol, aunque tenía una pequeña simpatía por River gracias a su papá y hermano;  A sus mascotas (numerosos perros y gatos) les dedico tiempo, cariños y cuidados sin medida, aunque tampoco se olvidaba de la lectura ni de Mario Benedetti, que era uno de sus autores favoritos.

Romina tiene dos sobrinos, Julián y Emma, a quienes amó profundamente y cuidó en cada pequeño detalle. Ella es madrina de la pequeña  Emma Agostína Yllanes Díaz (1), a la que llamaba Emalí, cariñosamente.

Propósito de Dios

“Yo no sé si existe el destino o las causalidades, pero estoy convencido que la Cusy tuvo algún llamado o Dios tuvo algún otro propósito para con ella, seguramente en algún lugar mejor y acompañándonos desde otro plano. Ella tuvo un paso feliz por este pedacito de tierra, era mucho para este mundo, siempre irradiando alegría, nunca estaba triste. Igual sabemos que nos volveremos a abrazar en algún momento”, añade Juan, aferrado a la fe junto a su familia para mitigar el inmenso dolor de la ausencia de su hermana.

“Ella era una persona única, con su sencillez y sonrisa, amaba lo que hacía y era muy chispeante para hacer bromas”, concluye su tío Carlos Campos.

 “Hasta siempre, nuestra niña Cusy. Quien vive en el alma, nunca se va. Agradecemos todo el afecto recibido y multiplicamos el amor y la fuerza para continuar unidos. En lo alto, por siempre…”

(Familiares y amigos)

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