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Sarmiento, ese desconocido

Sarmiento, ese desconocido
Por Eduardo Carelli (*)

Probablemente la Argentina sea antes y después de Sarmiento. Su afán progresista y su sueño por tener un país desarrollado lo llevó a realizar una de las más dinámicas de todas las presidencias que tuvo nuestro país. El sanjuanino intuía, y así lo señala en su obra Argirópolis, que podía crear no solo un país sino una potencia continental que comercialmente pudiera desafiar a los Estados Unidos y neutralizar el crecimiento de Brasil, otra de sus preocupaciones. Sin embargo, en la actualidad, asistimos a un constante cuestionamiento de su figura, ya sea por pretender evaluar nuestro pasado a partir de ideologías actuales o por un verdadero desconocimiento de su accionar. Hoy nadie recuerda que Sarmiento fue también proteccionista, que criticó el modelo económico de la «Generación del 80», que atacó la alianza económica con Gran Bretaña -porque nos ubicaba como meros productores de materia prima- y que criticaba a Roca porque, sostenía, designaba funcionarios pensando en caerle bien a la Bolsa de Londres. La enemistad de Sarmiento con los capitales británicos no es tan conocida, pero queda demostrada en que buscó atacar los intereses de los ferrocarriles británicos durante su presidencia con el trazado de nuevas vías férreas que los perjudicara y se opuso a la entrega de territorios aledaños a las vías. Además, desde el diario «El Censor», atacó la corrupción y el endeudamiento público.

Durante su presidencia (1868-1874), y en su afán por lograr el progreso nacional, Sarmiento buscó incorporar mano de obra especializada para el país, por lo que promovió la inmigración, lo que significó un esfuerzo adicional en lo educativo, ya que se debió dar instrucción gratuita para garantizar la igualdad de posibilidades no solo a los argentinos, muchos de ellos gauchos e indios, sino también a las masas de inmigrantes que llegaban. Para ello fundó más de 800 escuelas en un país destruido por las guerras civiles y por la Guerra del Paraguay, guerra que Sarmiento detestó y que se apuró en finalizar. Para ello trajo maestras de los Estados Unidos y otorgó generosos subsidios -férreamente controlados- a las provincias, para que sean destinados a la construcción y mejora de escuelas.

Sin duda el gran objetivo de Sarmiento fue mucho más que el desarrollo educativo, fue construir un Estado intentando consolidar el poder central. Esto lo llevó tanto a combatir el porteñismo, reflejado en el alzamiento de Mitre, como a los caudillos federales López Jordán y Taboada, y todo esto mientras buscaba acercarse a Urquiza para mantener el país políticamente unido, reconociendo así la valía del viejo federalismo y su aporte a la unidad nacional.

Para construir ese Estado el sanjuanino debió anular aduanas interiores, crear una administración pública, un correo nacional, una Contaduría Nacional, el Registro Nacional de Estadísticas, el Boletín Oficial, la Compañía de Gas Argentino y fundar, en 1872, el antecesor del Banco Central, al que llamó Banco Nacional.

Para promover el desarrollo del campo creó el Departamento de Agricultura, trajo al país nuevas razas de bovinos y realizó la «Exposición Agrícola Ganadera» en 1874, una gigantesca muestra para la que se importaron y comercializaron 350 máquinas agrícolas con la intención de promover la tecnologización del campo y difundir el uso del mimbre, de alambrados y molinos.

También creó la Comisión Nacional de Inmigración, y de la mano de ella fundó 26 colonias agrícolas, como la de alemanes en Chivilcoy o la de escoceses en Chascomús, llevándoles a muchas el ferrocarril para que puedan vender el fruto de su trabajo.

Recibió un país sin tradición científica en un mundo que comenzaba a globalizar sus comunicaciones de la mano del telégrafo.

Para revertir esta situación realizó la Exposición Industrial de Córdoba en 1871 y construyó la Dirección de Correos y Telégrafos en 1873, obra del alemán Kihlberg, cuyo edificio es hoy una de las dos partes de la Casa Rosada. Tendió 5000 km. de cables telegráficos e inauguró, entre sus últimas obras de gobierno, el cable submarino transoceánico que conectó al país con Europa en junio de 1874.

Sarmiento no se detuvo ahí, creó la Academia Nacional de Ciencias, la Facultad de Ciencias Físicas y Naturales de la Universidad de Córdoba y, en 1870, el Observatorio Nacional de Córdoba, para los que contó con la colaboración de los estadounidenses Gould y Thome que realizaron grandes avances en el campo de la astronomía en un mundo donde casi nadie se dedicaba a ella.

En cuanto al transporte, llevó las vías férreas de 573 km. a 1331 km., estableciendo el ferrocarril Buenos Aires-Mendoza, e hizo construir las primeras 60 cuadras para el tranvía en Buenos Aires. Estas obras le permitieron generar una gran cantidad de nuevos puestos de trabajo, una de las obsesiones de Sarmiento.

Promovió un control efectivo del espacio geográfico, para ello envió al perito Moreno a la Patagonia para reconocerla y trazar límites con Chile, duplicó el actual territorio de Misiones y ocupó parte del Chaco, lo que permitió, posteriormente, la creación de Formosa y casi conformar geográficamente Salta y Jujuy. Buscó resolver el problema del despoblamiento e hizo el primer censo nacional de 1869, mismo que arrojó que el país poseía menos habitantes que Chile. También buscó desarrollar el tráfico fluvial y la proyección marítima. Para plasmar esto creó la Escuela Naval en 1872, el Arsenal y Depósito de Marina en Zárate y promulgó una ley para comprar Armamento Naval, permitiendo así la incorporación de buques pequeños pero con grandes cañones y rápida traslación para proteger ríos y costas, lo que garantizaba una efectiva defensa de la soberanía nacional frente a las amenazas extranjeras, como se habían vivido hasta no hacía mucho cuando potencias extranjeras forzaban la navegación de nuestros ríos o bloqueaban impunemente nuestros puertos.

Creó y profesionalizó un ejército nacional, inexistente hasta ese momento y suprimió, en parte como consecuencia de lo primero, las levantiscas milicias provinciales que amenazaban la paz interior. Para ello fundó el Colegio Militar en 1870 y, sabedor que la disuasión es necesaria para evitar futuras guerras, incorporó moderno armamento como los cañones Krupp y los fusiles Remington.

Finalmente, en los escritos y el accionar de Sarmiento se advierte su voluntad por promover la paz entre los países sudamericanos y la unidad regional pero, esencialmente, una inmensa voluntad por torcer el rumbo de estas tierras proponiendo un desarrollo integral que nos posicione en el mundo. Ahora, en esta época de profundos cambios, estamos obligados a no perder nuestras raíces y para ello se debe conocer la Historia y sus personajes, eso incluye al «loco», como se lo conocía al cuyano.

(*) Licenciado y profesor en Historia. Actualmente es docente de la UNSJ-FFHA, director de la Editorial de la UNSJ, vicepresidente primero de la Junta de Estudios Históricos de San Juan y miembro correspondiente del Instituto Argentino de Historia Militar.

(Télam)

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