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«Vacuna contra zombis»

«Vacuna contra zombis»

daniel fermani*Por Daniel Fermani

En los últimos años, y habría que decir decenios, han proliferado de manera monstruosa –y no hay adjetivo mejor usado- las películas sobre zombis. Se trata más o menos siempre del mismo argumento: por alguna razón desconocida los muertos vuelven a la vida y persiguen a los vivos, para comérselos, para morderlos. A veces es un virus que se propaga rápidamente, a veces la razón es totalmente ignota. La cuestión es que los muertos no mueren, vuelven a una no-vida, cuya finalidad es acabar con la sí-vida, y persiguen implacablemente a los humanos en batallones putrefactos que no conocen la piedad pero parecieran movidos de un hambre sobrenatural. Cientos, tal vez miles de películas repiten el mismo argumento, y siguen reproduciéndose, con la misma prolífica velocidad con que se multiplican los zombis de los cuales hablan.

 

 

¿Será que hay una carencia fenomenal de ideas en los guionistas y directores de cine? ¿Será que sobran los maquillajes de zombis y las escenografías sirven para una y otra versión del mismo tema?  ¿O será que la ciencia ficción-horror está advirtiendo a las personas del peligro de un fenómeno que ya ha atacado a toda la humanidad? Porque ¿qué es un zombie? Un ser que alguna vez estuvo vivo, pero ya no lo está, y sin embargo sigue moviéndose en masa con la única finalidad de saciar su hambre de vida, y a su vez seguir reproduciendo esa muerte no-muerte.

 

 

Cada vez que camino por los centros comerciales, o por la misma calle, cada vez que veo las multitudes que atestan las canchas de fútbol o los conciertos de rock, recuerdo las películas de los zombis: todos hacen lo mismo, todos gritan a la vez, todos parecen haber extraviado su humanidad en una alucinación colectiva que más se parece a una marea de organismos unicelulares que a un grupo de personas dotadas de cerebro y de inteligencia.

 

 

Entonces tengo la impresión de que este sistema materialista e inhumano es el verdadero virus que provoca zombis. Que tiene un altísimo nivel de contagio y que va invadiendo –si no lo ha hecho ya- toda la faz de la Tierra. Y en esos momentos pienso en los teatros independientes (no los comerciales, ésos son administrados y frecuentados también por zombis) y en los pocos no contagiados que asisten a ver los trabajos de personas que siguen luchando a brazo partido para salvar lo poco de humano que queda en el planeta. Y también pienso si habrá una vacuna contra el zombismo. Creo que sí la hay: los buenos libros. Entonces visito las librerías y me encuentro mesones y mesones de libros de autoayuda y novelones de amor o aventuras ambientados en un mundo neomedieval archiromántico, o de pseudofilosofía optimista, o pseudopsicología o pseudociencia, y me doy cuenta de que los zombis también han copado gran parte de la industria editorial, y desde allí se reproducen a través de los libros de moda. Y pongo a prueba el lugar, para comprobar si hay posibilidad de salvación, y le pregunto al vendedor si tienen Don Quijote de la Mancha, o Nietzche, o Las mil y una noches, o La Ilíada, o las obras de Shakespeare. Muchas veces un brillo perverso en la pupila del librero me ha dado la pauta de que ya es zombi. Otras veces me contestan que esos libros no los tienen, y quiere decir que esa librería es un centro de creación de zombis. Pero hay excepciones. A veces ante mi pregunta los ojos del vendedor destellan con una luminosidad humana, revelación de que sigue siendo humano y se alegra de encontrar otro ser humano aún no convertido en zombi. Entonces se establece entre nosotros una empatía, un vínculo que nada ni nadie podría destruir, porque ambos estamos vacunados contra los zombis.

 

 

Hay que tener mucho cuidado: como las novelas de Julio Verne anunciaron el submarino atómico y el viaje a la Luna, las películas de zombis están anunciando el total dominio del mundo por parte de los muertos vivientes. Cuando todos estemos hipnotizados por los centros comerciales, por los partidos de fútbol, por los pokemones, la humanidad habrá perdido la guerra contra la muerte.

 

*El autor de la nota es Profesor y Licenciado en Letras, dramaturgo y novelista.

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