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Violencia de género en primera persona: «Quienes decían que me iban a cuidar no lo hacían»

Violencia de género en primera persona: «Quienes decían que me iban a cuidar no lo hacían»

 

Paola Legay, víctima de violencia de género en la policía de Mendoza, cuenta su historia.

 

Paola Legay es Oficial Inspectora de Policía, Licenciada en Seguridad Ciudadana, Diplomada en Seguridad Democrática y Derechos Humanos, y estudiante avanzada de Psicología.

En su condición de “casi psicóloga” relata lo que atraviesa subjetivamente una persona que es víctima de violencia de género:

“Se pasa por una tremenda caída de la autoestima. Culpabilización permanente, es decir, pensar que todo lo que me pasa, sucede por culpa mía; no poder depositar todas esas situaciones violentas en el afuera, sino que son todas culpa de uno mismo. El desprestigio hacia todas las tareas que podás realizar: no te sentís capaz de estudiar o de trabajar debido a la desvalorización que has sufrido. Falta de motivación para seguir adelante con cualquier proyecto. Miedo que llega a veces a ser pánico a determinadas situaciones que tienen directamente que ver con las situaciones de violencia y maltrato que has recibido. También se puede llegar a caer en una depresión.”

 

 

Cuartel de bomberos

La historia de Paola comienza en el año 2006 cuando desde la policía la asignaron al cuartel de bomberos. Allí, según recuerda, solían tratarla como: “la negra, la cosa, la metida, la inútil, la chupa pija”.

Un día asistió a la reunión de oficiales que se desarrollaba en la habitación de hombres y se encontró con que los policías estaban: “completamente desnudos”. Paola afirma con resignación: “Los jefes que tenía en aquel momento se jubilaron. Los oficiales hicieron carrera, y los que siguen en bomberos hicieron lo mismo con otras mujeres que llegaron allí”.

 

Intervención del INADI y medida cautelar

 

“Fui hasta la oficina de Sanidad Policial a denunciar los malos tratos que había recibido en bomberos. Con dolor, con indignación comprobé que las psicólogas, todas mujeres, me cuestionaban preguntándome qué había hecho yo para que me hicieran eso”

Paola recibió un dictamen favorable del INADI y posteriormente una jueza dictó una medida cautelar en donde resolvía que se la asignara a una “repartición donde se le garantice la realización de tareas acordes a su preparación y categoría dentro de la fuerza y garantice su derecho a no sufrir violencia y/o discriminación por su condición de mujer”.

Así fue como llegó a Radio Nacional y desempeñó diversas tareas desde 2012 hasta principios de este año.

 

Re- victimización

En marzo, Roberto Munives, Jefe de la Policía y ex compañero de Paola, la convocó para poner en funcionamiento el gabinete psicosocial de la “comisaría del menor”, y según narra Legay: «decidí volver porque me dio todas las garantías de que no me iba a pasar nada. Confié en él. Además me había preparado años y años para trabajar en la policía».

 

“¿Vos sos la policía buchona que denunció a los bomberos?”, con estas palabras fue recibida Legay en su primer día de trabajo.

Según cuenta, al oír aquellas palabras quedó petrificada: “Las perversidades que había vivido en el cuartel de bomberos se presentificaban nuevamente y me dejaron sin palabras”.

Luego de aquel recibimiento, Paola supo que las cosas no iban a ser fáciles allí: “No podía realizar las tareas para las que me había convocado Roberto. Me mandaban a hacer labores administrativas y no me permitían tener contacto con los jóvenes detenidos”

“Un día llegué a trabajar y la misma jefa que me había recibido me comunicó que ya no tenía nada que hacer allí, y que me ponían a disposición de Munives. Un policía me escoltó hasta la puerta. No sabía qué hacer ni a donde ir. Fui a hablar con Munives que me calmó y me pidió que hablara con Federico Rivero, Jefe de Asesoría Letrada, que él iba a solucionar mi asunto. Hablé con Rivero y quedó de contactarse después conmigo”.

La oficial expresó la angustia que le generó aquella situación: “Fue durísimo. No respetaban la orden judicial. Quienes decían que me iban a cuidar no lo hacían. Estaba muy revictimizada. El hecho me puso tan mal que la psicóloga y la psiquiátra me dijeron que no podía trabajar y me dieron licencia”.

En mayo, Paola concurrió al Ministerio de Seguridad a presentar el certificado de licencia psiquiátrica y fueron los propios Munives y Riveros, sus otrora compañeros de estudios, los que le notificaron que la habían dejado cesante por “abandono de trabajo”.

“Quisiera que esto se termine realmente. A nivel familiar nos han traído muchísimo dolor, muchísimas situaciones muy tristes. A nivel económico la estamos pasando muy mal, llevo tres meses sin tener un sueldo”, relata con tristeza Paola.

 

¿Qué dice la ley?

La Ley  Nacional 26.485, de “protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres”, sostiene como violencia contra las mujeres a toda “conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal”.

En otros artículos, la 26.485, enumera entre los distintos tipos de violencia, a las “física, psicológica, sexual, económica y patrimonial, y simbólica”.

 

Situación Judicial

La abogada de Paola, Carolina Jacky manifestó que la justicia: “está para resolver sobre una medida de protección en una Cámara Civil”, sin embargo agregó que: “todavía no tengo la fecha en que podría salir la resolución”.

Paola Legay, que empezó teatro para distenderse y «sublimar» lo angustioso de su actual situación, a modo de reflexión final, sostuvo: “Si realmente queremos una sociedad más pacífica y más respetuosa de los derechos humanos, la policía es una institución fundamental para lograrlo”.

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