¿Es verdad que sudar más ayuda a adelgazar? ¿Conviene eliminar toda la grasa corporal? Especialistas de la Universidad Maza aclaran mitos y verdades sobre la grasa, explican qué hábitos realmente funcionan y por qué la grasa cumple un rol esencial para la salud.
¿Sudar más te ayuda a quemar más grasa? ¿Se puede transformar la grasa en músculo solo con ejercicio?
Preguntas como estas circulan con frecuencia en gimnasios, redes sociales y charlas cotidianas.
Por eso lo ideal es recurrir al conocimiento científico y al aporte de especialistas en nutrición y educación física de la Universidad Juan Agustín Maza para responder con fundamentos y derribar mitos que, aunque populares, no siempre son ciertos.
¿La grasa se convierte en músculo?
Uno de los mitos más repetidos es creer que, al entrenar, la grasa se transforma directamente en músculo, pero la realidad es otra. “La grasa no se convierte en músculo; lo que sucede es que los hidratos de carbono se transforman en glucógeno, que forma parte del músculo”, explicó la licenciada Cecilia Llaver, decana de la Facultad de Ciencias de la Nutrición. “La grasa, cuando comenzamos a entrenar, es lo que empieza a perderse, a metabolizarse y a desgastarse, especialmente si se encuentra en exceso. Pero no se transforma en músculo: son procesos distintos”.
Desde la educación física, se refuerza esta idea:
“Es posible perder grasa y ganar músculo al mismo tiempo, especialmente en personas que están comenzando a entrenar o que hacen cambios importantes en su alimentación. Para eso se necesita un buen plan de entrenamiento (principalmente de fuerza) y una nutrición adecuada, rica en proteínas y con un pequeño déficit calórico”, explicó la profesora y licenciada Lorena Zapata, docente en Educación Física.
Sudar no es sinónimo de quemar grasa
Otro mito clásico es creer que cuanto más se suda, más grasa se pierde. Esto ha llevado a prácticas como entrenar con plásticos o ropa térmica. “En realidad, cuando se entrena y se suda demasiado, se pierde mucho líquido por respiración, perspiración y transpiración. Esa pérdida puede reflejarse en una disminución momentánea de peso, pero en cuanto se recupera el líquido, el peso vuelve. Es cierto que durante el ejercicio se queman algunas calorías, pero el sudor solo elimina toxinas y minerales, no grasa. Por lo tanto, no se pierde peso por sudoración”, sostuvo la licenciada Llaver.
La profesora Zapata explicó por qué esta idea aún persiste:
“Es una asociación visual y emocional: se suda más, se siente el esfuerzo, y se asume que eso significa pérdida de grasa. Pero el sudor representa pérdida de agua y electrolitos, no de grasa corporal. La grasa se quema durante el ejercicio, pero ese proceso no tiene relación directa con cuánto se suda”.
¿Menos grasa corporal es siempre mejor?
Otra creencia peligrosa es pensar que lo ideal es no tener nada de grasa corporal. “La grasa cumple numerosas funciones como formadora de enzimas y hormonas. Además, las grasas llamadas buenas ayudan al buen funcionamiento interno del organismo, alimentan las neuronas y el cerebro, y son claves para una buena salud cardiovascular”, explicó la decana de la Facultad de Nutrición.
“El objetivo no debería ser eliminarla por completo, sino mantener un porcentaje saludable según el deporte, el sexo y la edad”, agregó la licenciada Zapata. “Por un lado, cierta cantidad de grasa es esencial para el funcionamiento hormonal, la recuperación y la energía en actividades de larga duración. Por otro lado, un exceso de grasa puede limitar el rendimiento”.
También es importante saber distinguir los tipos de grasa:
“En el cuerpo humano existen diversos tipos de grasas. Por ejemplo, el colesterol, que puede provenir de alimentos como las carnes, fiambres y embutidos, y también el que produce nuestro propio organismo, necesario especialmente para el funcionamiento cerebral. Otro tipo de grasas son los ácidos grasos poliinsaturados, como el omega 3, que contribuye a la protección cardiovascular. Además, la grasa que ingerimos a través de los alimentos cumple múltiples funciones esenciales en el cuerpo”, detalló la licenciada Llaver.
¿Qué porcentaje de grasa es saludable?
“El porcentaje de grasa en el cuerpo humano difiere bastante entre hombres y mujeres. El cuerpo del hombre tiene más músculo y un porcentaje menor de grasa, que puede variar entre un 15 y un 20%. En cambio, la mujer tiene menos músculo y más grasa, que se deposita en mamas, caderas y piernas, y puede llegar a un 20 a 30%”, indicó la licenciada Cecilia Llaver.
Entonces… ¿qué hábitos sí funcionan?
No hay fórmulas mágicas. Lo que funciona es la constancia, el compromiso y hábitos bien elegidos.
“La actividad física y los buenos hábitos alimentarios son los que ayudan a mantener una composición corporal saludable. Por eso es importante incluir todos los grupos de alimentos: frutas, verduras, carnes con poca grasa, pescado al menos una vez por semana. Se recomienda una dieta mediterránea, con buenos aceites, pescado, frutos secos y siempre acompañar con algún tipo de actividad física”, recomendó la licenciada Cecilia.
“Lo importante es evitar el sedentarismo. Las personas sedentarias tienen un mayor porcentaje de grasa corporal y pierden masa muscular, y eso es justamente lo que hay que evitar. El músculo es fundamental para mantener una buena calidad de vida en la adultez mayor, ya que es clave para sostenerse, levantarse, subir escaleras y conservar la independencia”, subrayó.
La profesora y licenciada en Educación Física, Lorena Zapata, aportó una mirada integral: “Desde la Educación Física debemos promover el movimiento como una fuente de salud, disfrute y autoconocimiento, no solo como un medio estético. Es importante reconocer la diversidad corporal, enseñar que no existe un único ”cuerpo ideal” y que estar sano no significa verse de cierta forma. También es fundamental enfocar las metas en el rendimiento, la fuerza, la movilidad y el bienestar, más que en el peso o la apariencia. Y, sobre todo, crear un ambiente de respeto y contención donde todos se sientan valorados por lo que su cuerpo puede hacer, no solo por cómo se ve”.
¿La clave? Menos mitos, más ciencia. Y, sobre todo, más consciencia.