La herencia mayor de Yapeyú: José de San Martín

La herencia mayor de Yapeyú: José de San Martín

Se cumple el 243º aniversario de natalicio del General José de San Martín.

*Por Miguel Angel Brusasca – (mabrusasca@hotmail.com)

LOS ORIGENES DE YAPEYÚ

En la historia documentada de los jesuitas en América del Sur, se consigna que la fundación de la Misión de Nuestra Señora de los Reyes Magos del Yapeyú, acontecida en febrero de 1627, tuvo como responsables al superior de dicha orden religiosa, el Padre Nicolás Mastrilli Durán, a quien acompañaron los padres Roque González de Santa Cruz y Pedro Romero, haciéndose cargo este último de la tareas sacerdotales y de la organización de la vida en comunidad en la flamante misión.

Al Padre Romero le sucedieron calificados jesuitas que dieron a la reducción un sostenido empuje, llegando a ser Yapeyú la más próspera de todas por su rápido crecimiento demográfico y por su actividad productiva y cultural, aspecto este último de gran relevancia debido a la presencia en el lugar entre 1691 y 1693 del talentoso Padre Antonio Sepp von Reinegg.

Este tirolés nacido en 1655, fue el creador en la Reducción del Yapeyú de una calificada escuela de luthería y de música; alcanzando la misma tal grado de perfección que los resultados logrados con los guaraníes que estaban bajo su tutela, -tanto como músicos como construyendo instrumentos-, superaron con creces todo lo que hasta el momento se conocía, incluso en las cortes europeas.

Fue el Padre Jaime Mascaró, un sacerdote nacido en Palma de Mallorca en el año 1717, quien al frente de la parroquia yapeyuana tuvo que afrontar el amargo trago de la expulsión de todos los jesuitas de América a partir de la Real Cédula del monarca Carlos III expedida y ejecutada en 1767; pasando a contar aquella comunidad con la asistencia de sacerdotes de la orden de los dominicos. Para 1775 llegó al lugar, designado como teniente gobernador de las Estancias del Yapeyú, el capitán español don Juan de San Martín y Gómez.

Fue al Padre Francisco Cano de la Pera, a quien le tocó en suerte bautizar al niño José Francisco, hijo menor del matrimonio San Martín-Matorras, nacido el 25 de febrero de 1778.

Fue breve la estada de José Francisco de San Martín en Yapeyú, sin embargo, la misma fue suficiente para que atesorara en su mente el recuerdo de aquellos indios guaraníes que a las órdenes de su padre defendieron con gran arrojo las fronteras coloniales españolas de las agresiones portuguesas provenientes del Brasil.

LA ESPADA LIBERTADORA DE AMERICA

Si bien algunos escritos alegan de manera romántica que el retorno de San Martín al Plata, luego de dos décadas en la milicia española, tuvo que ver con lo que se denomina el llamado de la tierra. En realidad, -sin dejar de ser respetuosos con esta aseveración-, podemos aseverar que las razones de su llegada a Buenos Aires en el año 1812 se debió al accionar de las sociedades secretas que operaban políticamente para poner fin al coloniaje en América, las cuales tendrían en el hijo de Yapeyú a un actor fundamental.

De hecho, al momento de la creación del Regimiento de Granaderos Caballo, aquellos lejanos recuerdos de su infancia yapeyuana, sumados a los relatos de su padre sobre el valor de los guaraníes, es evidente que influyeron en José de San Martín cuando casi a fines de 1812 emitió la orden de convocar para granaderos “…A sus paisanos, los indios de las misiones…”.

Por eso, es justo recordar que además de criollos y negros, también vistieron el glorioso uniforme más de doscientos ochenta guaraníes de la región misionera. Como, por ejemplo, Matías Abucú quien condujo el contingente desde Misiones a Buenos Aires. Miguel Abiyú, Andrés Guayaré, Juan de Dios Abayá, Santiago Guaychá, Lorenzo Purey. Matías Abiyú que participó en el Combate de San Lorenzo y el caso especial del trompa del ejército Miguel Chepoyá, nacido en la misión de Santa María; quien hizo todo el recorrido continental regresando en el año 1826 a Buenos Aires para depositar sus armas en aquella ciudad al final de la larga misión.

Para comprender en toda su dimensión la importancia militar que tuvo el Regimiento de Granaderos a Caballo, hay que tener presente que dicho cuerpo desde sus inicios se nutrió de hombres que fueron preparados en la más dura disciplina militar impuesta por su jefe. De allí, que San Martín a poco de ver los resultados, expresara; “…De lo que mis granaderos son capaces, sólo lo sé yo; quien los iguale habrá quien los exceda, no…”.

Hoy, la historia registra con orgullo la gesta de los Granaderos de San Martín, quienes fueron capaces de hacer oír sus clarines desde San Lorenzo hasta Ayacucho; acreditando a lo largo de su derrotero: el épico Cruce de los Andes, el camino a la libertad de Chile con jornadas como las de Achupallas, Las Coimas, Chacabuco, Maipú, Curapaligüe, Gavilán, Talcahuano, Carampangüe y tantos otros sitios regados con sangre y valor.

Fue, precisamente, la causa americana la que llevó al vencedor de Chacabuco y Maipú y a sus soldados a que golpearan con fuerza al poderío español en tierras peruanas. Por eso, el desembarco en el Perú en septiembre de 1820 es un hito histórico ineludible a la hora de destacar la presencia de San Martín en suelo incaico, donde la claridad de sus objetivos y su enorme capacidad de mando, hicieron posible desgastar a un enemigo que los triplicaba en fuerzas.

Así, aquellos soldados en suelo peruano, juntos a criollos, negros, mestizos e indios que fueron sumándose, lograron hazañas propias de un relato mitológico. Paracas, Pisco, Nazca, Acarí, Tarma, Jauja, Cerro de Pasco, Chancay, Torata, Moquegua, El Callao, Junín, Ayacucho y más al norte Riobamba y Pichincha también son referencias históricas donde oficiales y soldados de San Martin se destacaron en épicas acciones armadas.

OCASO Y RESURRECCION DE YAPEYU

Retomando ahora otras circunstancias que atañen a la historia casi olvidada del pueblo donde nació San Martín, es interesante recordar que después de la salida de los jesuitas de aquellos territorios, la decadencia y la dispersión de los moradores del asentamiento fueron el doloroso destino que se abatió sobre el mismo.

Yapeyú sobrevivía como olvidada parroquia, cuando determinados acontecimientos políticos y militares acaecidos en el Río de la Plata en 1811 y 1812 hicieron que el caudillo oriental José Gervasio de Artigas nombrara a su ahijado Andrés Guacurarí, “Andresito”, como jefe de la Comandancia de Misiones, quien luego de  organizar un modesto ejército en Yapeyú avanzó sobre posesiones portuguesas al oriente del Río Uruguay.

Las primeras victorias del jefe guaraní de nada sirvieron al momento de la réplica por parte del brigadier brasileño Francisco das Chagas Santos y sus fuerzas, quien haciendo base en el pueblo de La Cruz procedió como represalia a destruir e incendiar lo que todavía quedaba de los pueblos misioneros de la región, siendo Yapeyú totalmente arrasado el 12 de febrero de 1817, paradójicamente, el mismo día en que su hijo ilustre se cubría de gloria en Chile al vencer a los realistas en la Batalla de Chacabuco.

De allí en más el despoblamiento fue inmediato y la vegetación de la zona fue sepultando lo poco que quedaba del pueblo. Así, los restos de la otrora pujante misión permanecieron en el olvido hasta que en 1862 llegaron a la zona unos doscientos inmigrantes franceses que se establecieron en el lugar para desarrollar tareas agrícolas y de cría de ganado.

Estas pocas familias, aprovechando algunos materiales de las antiguas construcciones para edificar sus viviendas, lograron lentamente dar nueva vida al pueblo.

Al despuntar el siglo XX un estudio arqueológico de la antigua traza del asentamiento, permitió  determinar el sitio donde se levantaba la casa de piedra que fue la morada del capitán don Juan de San Martín y su familia.

Prosiguió, con el tiempo una lenta pero decidida tarea de recuperación de aquellos bienes urbanos casi perdidos cuyo reaseguro mayor tuvo lugar en el año 1936 al inaugurarse un soberbio templete que hasta la fecha resguarda los citados restos arquitectónicos de incalculable valor histórico.

Otro paso importante en cuanto a la revalorización del sitio fue la declaratoria en 1945 como Lugar Histórico Nacional. Cincuenta y tres años más tarde, el 25 de febrero de 1998, se produjo otra circunstancia emotiva en Yapeyú cuando, con motivo de los doscientos veinte años del natalicio del Libertador, llegaron a su pueblo natal las arquetas conteniendo las cenizas de sus padres.

Tales reliquias, fueron colocadas para su descanso definitivo junto a una de las paredes de piedra de la antigua casa en la cual vivieron don Juan de San Martín y Gómez y doña Gregoria Matorras del Ser y donde además nacieron Justo Rufino y José Francisco.

SU LEGADO IMPERECEDERO

Precisamente, el llamado José Francisco, fue quien que nos dejó un enorme legado, ya que en el curso de su vida renunció tres veces a las cosas más caras a su corazón de hombre y de soldado: Primero, al Ejército de España en el cual podría haber gozado de los más calificados honores. Segundo, cuando no quiso formar parte de las luchas intestinas de su patria natal para no manchar su espada con sangre de hermanos. Y, Tercero, haciendo valer su dignidad ante Simón Bolívar en Guayaquil para retornar dolido pero íntegro al Perú, iniciando desde sus costas el largo camino de su ostracismo sin mirar atrás.

Y lo hizo para no tentarse con el poder y para no tomar medidas con aquellos camaradas que lo habían acompañado en los días gloriosos y que ya no compartían su visión política.

Partió sin odios ni resentimientos, pero manteniendo siempre su alma, su corazón y su espada dispuestas para la lucha. En definitiva, para preservar la libertad que tanto esfuerzo había costado.

Ese hombre fue y es el General San Martín… Ese hombre fue y es, para las naciones que supieron de su tránsito, la gloria y la herencia de Yapeyú.

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*Miguel Angel Brusasca Alessio

Coordinador General de Filiales del Instituto Sanmartiniano del Perú en la República Argentina

Presidente de la Filial “Provincia de Santa Fe” del Instituto Sanmartiniano del Perú.

Leé también: San Martín y el Cruce de Los Andes: el arte de lo necesario

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