Se fue el Gallego Antequera, querido parrillero de San Martín

Se fue el Gallego Antequera, querido parrillero de San Martín

Juan Gallego Antequera (66), conocido parrillero de la zona Este, murió hace unos días y fue otra de las víctimas de la tormentosa peste que hoy está diezmando a la humanidad.

Causa dolor su ausencia, porque si bien nadie tiene comprada la vida, tenía aún muchas cosas para dar. De su trato afable pueden dar fe quienes lo conocieron. Y también de su saludo, marca registrada: “¿Qué hacés, gallego?”.

Sí, Juan proyectaba hacia los demás lo que él llevaba en la sangre, ese ADN español que delataban sus inconfundibles rasgos.

Era oriundo de Santa Blanca, en el departamento de Maipú, pero se casó y se fue a vivir a Palmira. Desde allí se proyectó hacia la tierra de sus ancestros, España, para intentar forjar un futuro mejor para él y los suyos, pero regresó agobiado por la nostalgia y el deseo de reencuentro con familiares y seres queridos.

Desde siempre tuvo una marcada inclinación por el rubro gastronómico y aquilató experiencia en panaderías, parrillas y pizzerías. Se hizo conocido por su maestría para los asados en la desaparecida Parrilla Don Joaquín, ubicada en el Callejón Fernández y en el que supo ganarse un lugar en el corazón de los sanmartinianos. Las carnes a punto, se hicieron hábito en los comensales que allí solían concurrir.

Luego, su destino fue la cantina del Club Barriales, y allí los socios y parroquianos se acostumbraron a sus pastas caseras, un clásico para el lugar. En el último año, atendió una pizzería de la calle Pirovano, frente al museo Las Bóvedas y otros clientes se deleitaron con sus comidas rápidas.

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Se llamaba Juan Domingo y con firmeza, desmentía a su propio nombre, ya que tenía fuertes convicciones para con el radicalismo. Sus simpatías deportivas apuntaban a River y al Club Atlético Palmira.

Juancito, con sus compañeros de trabajo de la parrilla Don Joaquín. A la derecha, está el gringo Eduardo Di Blanco.

Antequera fue un luchador de la vida, y como tantos, logró sobreponerse desde su trabajo a la adversidad. Sin quejarse, produciendo, superándose. Y con ese torbellino de energía que le permitía solucionar, a su estilo, los bemoles diarios.

Una vez que se contagió el COVID 19, se produjo su internación y posterior fallecimiento el pasado 19 de abril. Tenía tres hijos: Estefanía, Lucas y Diego, y nietas que lo alcanzaron a disfrutar.

Su hija Estefanía, con quien vivía en Los Barriales, le brindó una tierna despedida: “Descansa en paz, mi viejito hermoso. Te fuiste muy pronto. Te amo con el alma. Te vamos a extrañar, mi gallego loco”

Por eso, duele mucho su reciente partida. Pero su ausencia no será tal, cuando recordemos su voz y el inconfundible interrogante cargado de afecto: «¿Qué hacés, gallego?»

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