En los últimos meses participó en numerosos operativos en San Martín, Junín y Rivadavia. Con rastreos entre fincas, descampados y callejones, ayudó a recuperar objetos robados e incluso a encontrar personas.
Cada vez que aparece en un procedimiento policial en la zona Este, su nombre empieza a repetirse. Fito, integrante del Cuerpo de Canes de la Policía de Mendoza, se convirtió en uno de los protagonistas más particulares de distintos operativos realizados en San Martín, Junín y Rivadavia durante el último año.
Su trabajo es siempre parecido, aunque nunca igual: seguir rastros. Y en más de una ocasión, ese olfato terminó siendo clave para recuperar elementos robados o avanzar en investigaciones que parecían complicadas.

Uno de los casos más llamativos ocurrió a fines de abril del año pasado en La Reducción, Rivadavia, cuando el perro ayudó a encontrar más de 50 kilos de aceitunas robadas. Tras recorrer casi un kilómetro entre fincas y callejones internos, los efectivos lograron hallar cajas con la mercadería sustraída ocultas en un domicilio.
El pasado agosto volvió a ser noticia en Los Barriales, Junín. En aquella oportunidad, Fito siguió el rastro de unos caños robados de una caldera y condujo a los policías hasta el lugar donde estaban escondidos. Algo similar ocurrió meses después, cuando intervino en distintos hechos vinculados al robo de herramientas, fertilizantes, electrodomésticos y materiales de construcción.

En diciembre del año pasado también participó en un operativo en San Martín, donde ayudó a localizar unos 200 palos sustraídos de una finca. Parte de los elementos estaban ocultos dentro de un zanjón de riego y otros en un domicilio cercano.
Pero su trabajo no quedó únicamente ligado a robos. En marzo de este año, Fito intervino en la búsqueda de un hombre cuyo paradero era desconocido en San Martín. Tras recorrer varios kilómetros, el perro logró marcar la ubicación de la persona en una zona descampada, permitiendo que el operativo terminara con resultado positivo.

En los últimos días volvió a participar en procedimientos en Junín y Rivadavia, donde colaboró en la recuperación de sanitarios, mercadería, estufas, materiales de obra y otros objetos denunciados como robados.
La mayoría de los rastreos tienen algo en común: recorridos largos entre descampados, fincas, acequias y cañaverales. Ahí es donde entra en juego el entrenamiento del animal y el trabajo coordinado con los efectivos policiales.
Con el paso de los meses, Fito dejó de ser solamente un perro del Cuerpo de Canes. En la zona Este, su nombre ya aparece asociado a operativos que terminan con hallazgos, rastros seguidos hasta el final y procedimientos que, muchas veces, logran esclarecer delitos.

